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jueves, noviembre 30, 2006

Telemetría

Hace unos días, recibí un correo electrónico de Javier Carcamo avisándome de una noticia aparecida en El Pais, sobre la pérdida de contacto con la sonda Mars Global Surveyor (gracias Javier). El titular es correcto, pero bajo él, aparece el siguiente subtítulo: El contacto telefónico con la nave, se interrumpió hace dos semanas (negritas mías). Alguien del periódico se debió de dar cuenta de la burrada que habían publicado, ya el texto ha sido corregido. Afortunadamente podéis ver una captura de la versión original en Flickr. Detalle de la captura de El País.Lo gracioso es que la correción también tiene su miga, pues han sustituido la palabra “telefónico” por “radiofónico”, término que aparece también en el cuerpo de la noticia. Y es que el contacto con la MGS (y con cualquier otra sonda no tripulada) no es ni telefónico ni radiofónico ni nada que acabe en fónico.

No sé si todas las palabras vienen del griego (no-premio al que identifique esta cita), pero éstas concretamente sí. El sufijo -fónico viene del griego fonos, que significa sonido. Así, un teléfono es un aparato que nos permite hablar a distancia (tele también viene del griego, y significa lejos), y cuando hablamos de radiofonía, nos referimos a la transmisión de sonido mediante ondas de radio. El contacto con una sonda espacial no tripulada no tiene nada de fónico, ya que ésta no transmite ningún tipo de sonido, sino una gran variedad de datos de todo tipo. El término correcto para esto es telemetría.

¿Qué es exactamente la telemetría? Si os atrevéis a hacer un poco de etimilogía de andar por casa, veréis que telemetría viene a querer decir, algo así como “medir a distancia” (tele- lejos, -metría medida). Más que medir a distancia, la telemetría es en realidad la transmisión de mediciones. Un ejemplo casero de telemetría son los climatizadores con sensor de temperatura en el mando a distancia. El sensor del mando mide la temperatura, y transmite esa información al aparato climatizador, que ajusta la temperatura y velocidad de salida del aire que expulsa en función de aquélla.

Fijáos que en la definición de telemetría no se dice nada de cómo se transmiten los datos. Puede hacerse mediante ondas de radio, infrarrojos, cable, lo que sea. Lo importante es transmitirlo de alguna manera (de forma automática, se supone). Fijáos también que sólo se refiere a la transmisión de los datos obtenidos, es decir, no se trata de una comunicación bidireccional (en ambos sentidos), sino que el aparato en cuestión transmite de forma indefinida, sin importar si hay alguien recibiendo la señal o no. Esto es fundamental en el caso de sondas espaciales, ya que las enormes distancias imposibilitan una comunicación en tiempo real. La distancia entre la Tierra y Marte puede variar entre 0,5 UA, cuando están alineados con el Sol y en el mismo lado, y 2,5 UA, cuando están alineados con el Sol pero en lados opuestos (y en este caso, la comunicaión sería muy problemática, ya que tenemos al Sol en medio). La luz tarda unos 8,3 minutos en recorrer la distancia de una UA, por lo que el tiempo que tardaría una señal de radio en llegar desde Marte a la Tierra oscila entre 4,15 minutos (distancia mínima) y 20,75 minutos (distancia máxima). Esos tiempos son sólo de ida, por lo que el retardo entre la emisión de una señal y su posterior respuesta, sería del doble.

Supongo que en este momento os preguntaréis, si la transmisión de información es en una sola dirección, ¿cómo se controla la sonda? ¿Acaso es totalmente automática? No. Las sondas espaciales, lógicamente están bastante automatizadas, pero siempre es necesaria la intervención humana para modificar de vez en cuando algunos parámetros de la misión. La transmisión de información en ese sentido se denomina telemando. Como su nombre sugiere, se trata de la transmisión de órdenes a distancia (a un sistema automático). Un ejemplo muy sencillo lo tenéis en el mando a distancia de vuestra televisión. Cada vez que pulsáis un botón en el mando, éste envía una señal al aparato de televisión, que interpreta como una “orden”, y actúa en consecuencia (modificando el volúmen, cambiando el canal, etc). En este ejemplo, la respuesta es inmediata, y visible directamente. En el caso de sondas espaciales, en cambio, necesitamos de la telemetría para comprobar que el comando está siendo ejecutado, y qué resultados ofrece.

La telemetría es el único modo de saber dónde está y qué hace una sonda espacial. Dadas las enormes distancias y el pequeño tamaño del aparato, es inviable localizar una sonda mediante observación visual directa, no importa la potencia de nuestros telescopios. De hecho, en el caso concreto del MGS, se ha intentado utilizar la sonda Mars Reconnaissance Orbiter para localizarla visualmente, con resultados negativos. Así que podemos decir que si perdemos la telemetría, perdemos la sonda.

Lo gracioso de todo el asunto de la noticia, es que no es realmente necesario saber todo esto de la telemetría para redactar un texto correcto. Hubiese bastado con poner que se ha perdido el contacto, así, sin especificar más.

martes, noviembre 28, 2006

Plutón aún colea

Esta mañana, al escuchar Onda Cero en mi rutina matutina previa a salir a la calle para ir a trabajar, me llamó la atención un anuncio, que hacía publicidad de la promia emisora. Comenzaba diciendo que Mercurio es el planeta más cercano al sol, y el más caliente, proporcionando algunos datos, y que en el extremo opuesto se encontraba Plutón, que es el planeta más alejado del Sol (de nuestro Sistema Solar, se entiende) y el más frío. No recuerdo la retórica que utilizaban para relacionar estos dos casos extremos con la emisora, pero no importa ahora.

Supongo que la mayoría de vosotros se habrá dado cuenta del error: Plutón no es un planeta. Dejó de serlo el 24 de agosto de este mismo año, cuando la UAI definió de manera formal el término “planeta”. Los medios se hicieron eco de dicha noticia (con mayor o menor fortuna, como comenté en su día), por lo que es de esperar que este hecho sea uno de los pocos conocimientos de astronomía que pueden considerarse vox pópuli, junto al saber que Saturno tiene anillos, o que la Tierra tarda un año en dar una vuelta alrededor del Sol. Sin embargo el creador del mencionado anuncio, parece ignorar ese dato. O bien, la cuña publicitaria se redactó antes del verano, y nadie se ha molestado en arreglarla.

El de hoy también ha sido un envío muy corto (prometo enmendarme), así que para los que tengán necesidad de una lectura más larga, aprovecharé para mencionar que se ha publicado un segundo artículo mío en Hal 9000.

jueves, noviembre 23, 2006

Stargate y más lluvias de estrellas

Al hablar sobre lluvias de estrellas en el envío anterior, inevitablemente me vino a la cabeza un episodio de la tercera temporada de Stargate SG-1, llamado Cien Días, en el que una terrible lluvia de meteoritos cae sobre un planeta, enterrando el Stargate local y dejando atrapado a McGyver... digo al Coronel O'Neill, en dicho planeta. Al inicio del episodio, una mujer de allí les dice que todos los años en las mismas fechas, se pueden ver intensas lluvias de estrellas. Ante esa información, la Mayor Carter se sorprende y dice que no tiene sentido que ocurra siempre en las mismas fechas. Más tarde comprueban que la órbita del planeta pasa muy cerca de un campo de asteroides, y de ahí viene el fenómeno. Descubren también que cada cierto tiempo (creo que 100 años, o algo así), el planeta se interna demasiado en dicho campo, y se produce una devastadora lluvia de meteoritos.

La explicación es algo diferente, pero en el fondo parecida a lo que ocurre en nuestro planeta con las lluvias de estrellas que se repiten año tras año, siempre en las mismas fechas. Es algo de lo más normal, y conocido por cualquiera con unos mínimos conocimientos de astronomía. Se supone que el personaje en cuestión es una científica, y dado el ámbito en el que trabaja (viajar de planeta en planeta), debería saber bastante de astronomía. Así que lo que no tiene sentido es precisamente la respuesta de Carter.

martes, noviembre 21, 2006

Las Leónidas

El pasado fin de semana, se produjo una espectacular lluvia de estrellas, llamada Leónidas, que por desgracia no pude ver debido entre otras cosas a las intempestivas horas del suceso. Como suele suceder con eventos astronómicos, las noticias aparecidos en algunos medios de comunicación contenían errores de concepto. Me centraré en la aparecida en El Mundo, ya que comete un error doble.

Por un lado, el titular de la noticia dice así: No habrá unas Leónidas tan intensas hasta dentro de un siglo. Bueno, parece que últimamente, para publicar una noticia relativa al mundo de la astronomía en un medio generalista, hay que buscar espectaculares titulares, que nos indiquen que vamos a presenciar un fenómeno único e irrepetible. La realidad es que, a día de hoy, no hay forma científica de respaldar esta afirmación. Veamos, lluvias de estrellas como las Leónidas (o las Perséidas, o las Gemínidas), son periódicas y siempre se producen en las mismas fechas. Esto es debido a que el origen del fenómeno es una estela dejada por algún cometa, y que la Tierra atraviesa, “barriendo” los restos que encuentra a su paso. Estos restos penetran en la atmósfera y se desintegran. Cada vez que la Tierra completa una vuelta completa alrededor del Sol, ahí tenemos nuevamente ese rastro, de forma que cada año es atravesado en las mismas fechas.

La intensidad de estas lluvias, puede variar de año en año por la densidad de partículas que haya en la región por la que va a pasar nuestro planeta. Puede que la estela se haya desplazado con respecto a nuestra órbita, puede que pasemos por un “hueco” dejado en años anteriores, puede que la luna nos haga de pequeña escoba... En fin, que hay múltiples variables a tener en cuenta. Durante años, se ha intentado buscar un modelo matemático para predecir la intensidad de las lluvias (de meteoritos, claro) de cada año, pero de momento no pasan de hipótesis. De hecho, la lluvia del pasado fin de semana, era especialmente importante ya que permitiría comprobar la validez del último modelo creado. Si las observaciones coincidían con las predicciones, entonces los astrónomos iban por buen camino. Si no, había que tirar el modelo y buscar otro. Por tanto, decir que no habrán otras Leónidas tan intensas hasta después de un siglo, es una afirmación totalmente gratuita y carente de fundamento.

Fotografía en la que se ve el horizonte, un arbol en primer plano, y un fondo de estrellas en trayectorias circulares y concéntricasEl segundo error que aparece en la noticia, es uno bastante recurrente, que ya comenté hace varios meses. El texto viene acompañado de una fotografía cuyo pie indica que se trata de las Leónidas vistas desde el desierto de Amán. Pues no, la foto no es de ninguna lluvia de estrellas, sino de un cielo nocturno normal y corriente. Todas esas líneas que se ven, formando arcos de circunferencia, todas en torno al mismo centro, corresponden a estrellas normales y corrientes. La Tierra rota en torno a su eje, por lo que si hacemos una fotografía con una exposición de algunos minutos, el movimiento aparente de la bóveda celeste queda patente. Una estrella fugaz, destacaría precisamente como una línea recta que corta esos trazos.

En fin, doble ración de mala ciencia en una única noticia. No está mal.

lunes, noviembre 20, 2006

Lorem Ipsum

Hace unos días, Juan Antolín, presidente del Club Lorem Ipsum, me invitó a colaborar de forma periódica en la sección de ciencia de su web (y en la que me agrada ver a un viejo conocido). El primer artículo que les he enviado, lo podéis ver en Hal 9000, uno de los varios blogs que hospeda dicha asociación, con el título Constelaciones y signos del Zodiaco. A pesar de que últimamente tengo menos tiempo para estas cosas (los que siguen este blog desde sus inicios habrán notado un bajón en el ritmo, desde los 4 ó 5 envíos semanales de antes, a los 1 ó 2 de ahora), intentaré ser constante con Lorem Ipsum, sin descuidar para ello este blog.

jueves, noviembre 16, 2006

Galáctica: Distancias

Hoy volvemos otra vez con la serie Galáctica: Estrella de Combate (la clásica, no la nueva), y además lo haré retomando un tema que ya comenté en otra ocasión: las dimensiones y distancias entre galaxias. A lo largo de la serie, la flota atraviesa tranquilamente varias galaxias. Ya en el primer episodio, el comandante Adama dice que la Decimotercera Tribu se encuentra en un planeta llamado Tierra, en una galaxia diferente. En el episodio La Patrulla Remota, la flota abandona la galaxia donde se encontraban las doce colonias, y tras atravesar una nube de polvo, llegan a una nueva galaxia, que inmediatamente se ponen a explorar. Más adelante, se hace referencia en algunos diálogos a que han atravesado varias galaxias.

Todo parece indicar que nuevamente se trata de un error bastante recurrente: confundir galaxias con sistemas planetarios. De hecho, a lo largo de la serie, a veces intercambian los términos, refiriéndose a veces a las 12 colonias como su galaxia de origen o su sistema planetario de origen. Y es que son dos cosas que no tienen nada que ver, tanto en tamaño como en distancias que los separan. Un sistema planetario es un conjunto de planetas que giran en torno a una o más estrellas. Aunque sería mejor buscar un término más genérico, como sistema estelar, y definirlo como conjunto de pocas estrellas, planetas y cuerpos menores, ligados fuertemente por sus fuerzas gravitatorias, de forma que giran en torno al centro de masas del sistema. Nuestro Sistema Solar está formado por una única estrella, alrededor de la cual giran los planetas y una incontable cantidad de cuerpos menores, como asteroides y cometas. Pero existen sistemas (y es muy habitual) en los que hay más de una estrella, de forma que giran una alrededor de la otra (en realidad, giran en torno al centro de masas). Y también existen sistemas sin planetas, formados únicamente por esas estrellas. Una galaxia es algo parecido desde un punto de vista formal, pero a una escala mucho mayor. Las galaxias están formadas por estrellas y demás objetos, ligados gravitatoriamente, pero el número de estrellas es realmente enorme, y sus dimensionas también.

Vamos a hacernos una idea mejor de la diferencia. Nuestro Sistema Solar, tiene una única estrella (el Sol) y 8 planetas. Si consideramos el Cinturón de Kuiper como el límite exterior de nuestro sistema planetario, su radio sería de 50 UA (una UA es aproximadamente 150 millones de km, u 8,32 minutos luz, la distancia media entre el Sol y la Tierra). Nuestro Sistema Solar está rodeado por la Nube de Oort, que es una inmensa nube esférica de cometas, que puede alcanzar un radio máximo de 100.000 UA, o lo que es lo mismo, 1,67 años luz.

Veamos otros sistemas. Alfa Centauri es el sistema más cercano al nuestro y está formado por tres estrellas. Las dos estrellas principales tienen una separación máxima de 35,6 UA. La tercera estrella, Próxima Centauri, está a 13.000 UA de las otras dos (unos 0,2 años luz). Debido a ello, no se sabe con seguiridad si esta estrella pertenece realmente al sistema Alfa Centauri o no. En el primer caso, el radio del sistema sería de 13,000 UA, en el segundo, de 17,8 UA. Siguiendo con sistemas cercanos, Sirio está formado por dos estrellas, con una separación entre ellas de unas 20 UA. Procyon también está formado por dos estrellas, y la separación entre ellas es de 15 UA. Como veis, los tamaños de sistemas estelares son del orden de decenas de UA, pudiendo llegar a miles de ellas en algunos casos.

Veamos las distancias entre sistemas. Alfa Centauri, se encuentra a unos 4,4 años luz de nosotros (aunque Próxima está a un poco menos: 4,26). Los mencionados Sirio y Procyon, se encuentran a 8,6 y 11,4 años luz respectivamente. Las hay mucho más lejanas, por supuesto, a cientos o miles de años luz, pero lo importante aquí es ver que para ir de una estrella a otra, debemos recorrer una distancia de como mínimo unos pocos años luz.

Veamos ahora las dimensiones y distancias entre galaxias. Nuestra Vía Láctea (donde están todas las estrellas mencionadas hasta ahora) es una espiral con un diámetro de 100.000 años luz, y un grosor en el centro de unos 26.000 años luz. Se calcula que el número total de estrellas es de unos 100.000 millones. En torno a ella, hay varias galaxias enanas, estando la más cercana a unos 25.000 años luz. Pero la galaxia propiamente dicha más cerca de la nuestra es la de Andrómeda, a 2,5 millones de años luz.

Como veis, las diferencias son enormes. Los tamaños de un sistema estelar son del orden de UA o miles de UA, y la distancia entre ellos de entre unos pocos y varios miles de años luz (1 año luz equivale a 63.240 UA). Los tamaños de las galaxias son precisamente del orden de varios miles de años luz, y la distancia entre ellas del orden de millones.

Además de esta confusión, la serie tiene otro problema en lo relativo a distancias. Aunque no se llega a mencionar explícitamente, se da a entender que la flota colonial se mueve a una velocidad inferior a la de la luz. Así, en alguna ocasión se afirma que la flota debe ir al ritmo de la nave más lenta. Se menciona también en varias ocasiones que los Vipers (los cazas) viajan a velocidades sublumínicas, y sin embargo, son más rápidos que la flota, pues se utilizan para explorar "el camino". En el episodio Una Leyenda Viva los comandantes Cain y Adama planifican una emboscada a la flota Cylon comandada por Baltar, y se dice que la Pegasus (una estrella de combate igual que la Galáctica) puede alcanzar la velocidad de la luz realizando un consumo exagerado de combustible. Todo eso, unido a que nunca se hace mención a ningún tipo de hiperespacio, salto, o artificio similar, indica que la flota se mueve efectivamente a velocidades inferiores a la de la luz. Y en esas condiciones, simplemente tardarían años en ir de un sistema planetario a otro. No digamos ya el viajar entre galaxias.

martes, noviembre 14, 2006

Imprimir MalaCiencia

No sé si alguna vez alguien habrá querido imprimir algún artículo de este blog. Si alguien lo ha hecho, habrá sufrido un pequeño inconveniente que afecta a la gran mayoría de páginas web: se imprime todo. Y todo significa la barra de Blogger, las barras laterales de enlaces, los anuncios... todo. Puede que incluso se impriman los colores de fondo, aunque la mayoría de navegadores vienen configurados por defecto para ignorar los colores e imágenes de fondo a la hora de imprimir. Y eso es sin duda una molestia. Las barras de navegación no tienen ninguna utilidad a la hora de imprimir una copia en papel. Más bien son molestas, ya que ocupan un espacio que podría destinarse al texto en sí. Muchos sitios web tienen un botón en sus páginas con el lema “versión para imprimir”, para mostrar una página con una maquetación diferente, sin todos esos elementos innecesarios y molestos sobre el papel. Como es lógico, esa funcionalidad requiere un cierto esfuerzo para el desarrollador del sitio. Sin embargo, hay una forma mucho más sencilla y elegante de resolver el problema, sin necesidad de “duplicar” cada página.

Hace tiempo comenté qué son las CSS, y cómo un buen uso de ellas y del (X)HTML Strict nos permitía separar completamente el contenido de una página de su apariencia. El estándar CSS tiene una serie de características no muy conocidas (o el menos, muy poco utilzadas) por muchos diseñadores, y es el poder discriminar la aplicación de determinado conjunto de reglas de estilo, en función del medio en el que se presente la página. ¿El qué? Veamos, la mayoría de la gente da por sentado que a la Web se accede mediante un ordenador, utilizando un navegador que visualiza las páginas (es más, la mayoría da por sentado que se accede con Internet Explorer bajo Windows en un PC). Sin embargo, no es la única forma (o al menos no debería serlo, aunque la mayoría de sitios están pensados únicamente para ese tipo de acceso). Últimamente se están popularizando dispositivos móviles con la posibilidad de acceder a Internet, como PDAs o teléfonos móviles muy sofisticados (de hecho, hay que ir olvidándose del término “teléfono móvil” y referirse a ellos como “terminales móviles”). También existe la posibilidad de acceder mediante algún servicio de TV, o software para invidentes que “lee” en voz alta el contenido de la página. Pues bien, el estándar CSS permite aplicar unos estilos u otros, dependiendo del medio de acceso. Y entre estos medios se encuentran las impresoras.

La forma de hacerlo es muy simple. Basta con especificar el atributo media en la etiqueta (X)HTML correspondiente (o la regla @media en el código CSS), que puede tomar varios valores como screen para referirse a un monitor de ordenador, speech para referirse a un sintetizador de voz, o lo que ahora nos interesa, print para referirse a un dispositivo de impresión. Si no se especifica nada, las reglas de estilo se aplicarán independientemente del medio de acceso, que es lo que ocurre con la mayoría de páginas. Pero si utilizamos este atributo, podemos definir una apariencia completamente diferente para el monitor y para la versión impresa. Y todo ello, como no me canso de insistir, sin tocar una sola coma del código HTML que forma la página en sí.

Pues bien, he aplicado esta buena práctica a este blog, de forma que si imprimiis un arículo cualquiera, sólo aparecerá el contenido del mismo (título y pie incluido), ocupando todo el ancho disponible, y con el fondo blanco. Ni barras laterales, ni anuncios, ni bordes. Podéis comprobarlo vosotros mismos imprimiendo esta página, o si queréis ser ecológicos y no malgastar papel y tinta, seleccionando la opción "Vista preliminar" (o "Print preview") de vuestro navegador, que mostrará cómo quedaría la página impresa. Como veis, el resultado final es más cómodo de leer, y al tener más espacio para el texto, utilizamos menos papel. Así que desde aquí animo a todos los que lean esto y tengan una página propia, a hacer lo mismo. No es nada complicado.

Hay que decir que no todos los navegadores implementan correctamente la impresión de una página, según estos estándares. Hay opciones interesantes, como el controlar los saltos de página (y evitar que al final de una página quede sólo la primera línea del siguiente párrafo) que no implementan todos los navegadores. Además, muchos de ellos no componen correctamente la página cuando hay elementos con un posicionamiento "peculiar". Como suele ser habitual, la peor nota va para el Internet Explorer, y en el caso concreto de este blog, en la versión impresa el texto no fluye alrededor de las imágenes (para los entendidos, digamos que "pasa" de los float), o al menos, hasta la versión 6, ya que no he probado la 7. Así que os recomiendo también que utilicéis navegadores que implementen mejor los estándares del W3C, como el Firefox o el Opera.

martes, noviembre 07, 2006

Dentro del Laberinto: Fosforescencia

Foto de los créditos de Dentro del Laberinto, en la que se ve el interior de una cueva y la palabra 'Labyrinth', con un tipo de letra tétricoGracias a Internet uno puede volver a ver viejas series de televisión, imposibles de encontrar en canales de distribución más convencionales. Una de esas series, que estoy revisitando en mis ataques de nostalgia, es Dentro del Laberinto. Para aquellos a los que la mítica frase ¡Yo te niego el Nidus! no signifique nada, comentaré que se trata de una serie británica de principios de los 80, en la que tres chavales ayudan al hechicero Rothgo a recuperar un objeto mágico llamado Nidus, enfrentándose a la malvada Belor (hechicera también). El presupuesto de la serie debía ser bastante limitado, ya que la mayoria del decorado y atrezo era visiblemente de cartón piedra o plástico, los actores sobreactuaban (y a veces los secundarios repetían con papeles diferentes), y los efectos especiales eran lamentables. Puede parecer extraño comentar algo de una serie en la que cualquier incoherencia puede ser fácilmente explicada con el recurso de lo hizo un mago (no-premio al que identifique esta otra cita), pero sí hay un caso que podemos considerar como mala ciencia, o al menos, como un error por parte de uno de los personajes.

En el primer episodio de la serie, los hermanos Terry y Helen, se meten en una cueva para guarecerse de la lluvia. La cueva en cuestión está iluminada, cosa que les extraña, pero se encuentran con un tercer chico, Phill, que les explica que no tiene nada de extraño, que se trata de un fenómeno llamado fosforescencia. En realidad, la fosforescencia no puede explicar algo así, y de hecho, la solución final es la ya comentada frase lo hizo un mago, concretamente Rothgo, que les dice que ha utilizado su magia para atraerles. Sin embargo merece la pena comentar qué es la fosforescencia, y cuáles son sus limitaciones.

La fosforescencia es un fenómeno por el que algunas sustancias absorben energía en forma de luz, para radiarla con posterioridad. Es un fenómeno similar al de la fluorescencia, que ya comenté en una ocasión, con la diferencia de que en este último caso, la emisión de luz por parte del material es casi inmediata a su absorción, mientras que en la fosforescencia puede durar mucho tiempo después de desaparecer la fuente externa de luz. Seguramente la mayoría de vosotros habréis presenciado este fenómeno. Es habitual que los relojes de manecillas tengan éstas recubiertas de alguna sustancia fosforescente, así como en los números o marcas que nos indican las 12 divisiones. Si tenéis un reloj de esos, comprobaréis que las manecillas y las marcas brillan en la oscuridad, y que este brillo parece más intenso al inicio de la noche que al final. Esto es debido a que al igual que la sustancia acumula energía mientras recibe luz, la va perdiendo cuando la emite. Y aquí tenemos el eterno e implacable Principio de Conservación de la Energía. La sustancia no puede emitir más luz de la que ha absorbido, y obviamente llega un momento en el que ya no puede emitir luz. Por tanto, cualquier sustancia fosforescente, una vez que deja de recibir luz de una fuente externa, sólo es capaz de emitir luz por un periodo de tiempo limitado.

En la serie, los protagonistas están en el interior de una cueva, donde no llega la luz del exterior. Así que es implosible que se trate de fosforescencia, ya que esas paredes no han sido iluminadas en años (tal vez siglos). Cuando Rothgo les dice que ha sido él el causante, Terry se burla un poco de las explicaciones de Phil, a lo que éste responde podría haber sido. Pues no, no podría haber sido.

jueves, noviembre 02, 2006

La forma de un copo de nieve

Fotografía del libro ¿Qué Ve Violeta? Copos de Nieve y CarámbanosHoy voy a cambiar de tercio y a comentar un error aparecido en un medio que hasta ahora nunca había tenido un hueco en este blog: libros infantiles. Supongo que muchos de vosotros, a menos que tengáis niños pequeños, no es un tipo de lectura a la que prestéis atención. El libro que voy a comentar pertenece a la serie “¿Qué ve Violeta?”, de la famosa compañía (para los que tengan niños) Baby Einstein, y se titula “¿Qué Ve Violeta? Copos de Nieve y Carámbanos”. Como podéis apreciar en la foto del mismo, podemos ver una ratita bastante abrigada, con copos de nieve a su alrededor. Copos de nieve muy curiosos, ya que tienen cuatro u ocho brazos. Esta representación de los copos de nieve se repite a lo largo de todo el libro.

Y sin embargo, esto no corresponde con la realidad. Supongo que todo el mundo sabe que los copos de nieve tienen una estructura hexagonal. Es una de esas cosas curiosas que se aprenden en el colegio, o que aparecen en cualquier tipo de enciclopedia infantil. Esto es debido a que el hielo tiene una estructura cristalina hexagonal, debido a su vez a las peculiares características de los puentes de hidrógeno que unen las moléulas de agua (que también es responsable de la famosa dilatación del agua al congelarse) de los que ya he hablado en una ocasión. Bueno, para ser puristas hay que decir que puede existir hielo con estructuras cristalinas diferentes, o incluso sin ellas (amorfo), pero la inmensa mayoría no se dan de forma natural en nuestro planeta, de forma que podemos afirmar que casi todo el hielo del mundo es de tipo hexagonal (llamado hielo Ih).

Uno podría pensar que la forma de dibujar los copos de nieve no tiene demasiada importancia, y que tal vez podría ser una simple licencia artística, como la propia representación de la ratita Violeta. Sin embargo, en la penúltima página aparece un primer plano de un copo (recortado y con una textura diferente a la de las páginas), con ocho brazos, y en el que además se añade:

Cuando lo mira de cerca, Violeta ve su preciosa forma.

¿Puedes contar las puntas de este copo de nieve?

Fotografía de la penúltima página del libroEs decir, se está afirmando que un copo de nieve tiene ocho brazos, en vez de seis. A mi parecer, esto es un error muy grave, ya que aparece en un libro que se supone intenta enseñar a un niño.

Se dice que es más fácil educar que reeducar, es decir, que es más fácil enseñar a quien no sabe nada de un tema, que a quien tiene un conocimiento parcial y equivocado, puesto que antes de “llenar” su mente de conocimientos, tienes que “vaciarla” de conceptos erróneos. Y el niño que lea este libro, aprenderá el concepto completamente equivocado de que un copo de nieve tiene forma de estrella de ocho puntas.