3 años online

El pasado sábado (15 de marzo), MalaCiencia cumplió su tercer año. Hubiera querido publicar este artículo ese mismo día, pero por diversas cuestiones no he podido. Es casi una obligación hacer balance, y compararlo con el del año anterior. Según Statcounter, la media de visitas diaria es un poquito mayor que antes (más o menos, unas 1.400), y el total supera las 995.000, por lo que en esta semana (o la siguiente, que en vacaciones la gente se dedica a otras cosas), el blog alcanzará la mágica cifra del millón de visitas. Sé que no lo digo todas las veces que debería: gracias a todos.
Como va siendo habitual en los cumpleaños del blog, haré una pequeña reflexión sobre el mismo y las razones detrás de él.
De vez en cuando, aparecen comentarios alegando que no tiene sentido buscar la ciencia detrás de una historia de ciencia ficción (algunos de forma más educada que otros). Casi todos se pueden resumir en la idea «¿Qué más da? Es ciencia ficción», a lo que suelo responder que precisamente por eso, es interesante buscar la ciencia. Parece que la expresión «ciencia ficción» se ha convertido en sinónimo de algo inverosimil, imposible, o fantástico. Reconozco que yo mismo he utilizado el termino de esa manera en ocasiones (por ejemplo, al ver cómo en una película ambientada en Madrid, un personaje aparca el coche en frente de la puerta de su casa, en pleno centro). Y sin embargo la ciencia ficción no es sinónimo de fantasía. Conozco gente que mete en el mismo saco géneros tan dispares como la fantasía heroica (como El Señor de los Anillos), o el terror sobrenatural (como Drácula), y los llama «ciencia ficción». Y como su nombre indica, la ciencia ficción es ficción, sí, pero también ciencia. De hecho, una traducción más correcta del término original «science fiction», sería ficción científica, y no ciencia ficticia (que no es lo mismo).
Eso no quiere decir que toda la ciencia ficción deba ser como libros de texto un poco novelados. El género tiene multitud de subgéneros, lo que hace que la propia definición de ciencia ficción, no sea del todo clara (podéis leer una buena definición, en el Sitio de Ciencia Ficción). De hecho, hay subgéneros como las ucronías (historias de pasados alternativos) o la ciencia ficción «soft» (centrada más en los cambios de una sociedad), donde la ciencia y la tecnología ni siquiera es especulativa. Y hay otros en los que se roza el mundo de lo mágico y lo sobrenatural. ¿Es ciencia ficción la saga de La Guerra de las Galaxias? ¿Y la serie Jericho? ¿Y Perdidos? Seguro que se pueden buscar argumentos a favor y en contra de su inclusión o no.
En cualquier caso, el que califiquemos una historia como ciencia ficción o como fantástica, en mi opinión no da carta blanca para saltarse todo. Hay artificios fantásticos necesarios (como el hiperespacio en una historia futurista, o la magia en una historia de espada y brujería) y que uno simplemente se cree, pero también hay incoherencias, que en mi opinión sólo se pueden calificar como errores. Creo que un ejemplo muy ilustrativo de lo que intento decir, es el de Superman. Todos sabemos que sus poderes son imposibles: vuela, es invulnerable, superfuerte, lanza rayos calóricos por los ojos, etc. Es la premisa de la historia (los habitantes de Krypton son así), y uno se lo cree y lo asume, sin pensar si es científicamente posible o no. Nunca leeréis aquí un artículo sobre la imposibilidad de los poderes de Superman. Pero eso no debe dar pie a que cuando el Hombre de Acero vuele por el espacio, su capa ondee al viento.
Otro tema recurrente es el de «si no te gusta, no lo veas». Bueno, lo cierto es que ése es uno de mis lemas, y pocas veces veré una película si creo que no me va a gustar. Pero el señalar los errores de una película, no quiere decir que no me guste. De hecho, me encanta la ciencia ficción, la fantasía heroica, el terror sobrenatural, y el género fantástico en general. La saga de La Guerra de las Galaxias marcó mi niñez, y crecí soñando con viajar por una galaxia muy, muy lejana. Hasta recuerdo el cine donde vi la primera peli de la saga por primera vez (el episodio IV, para los despistados): el Maria Cristina, en Gijón (que me parece que ya no existe). El Señor de los Anillos es el único libro que he leído más de dos veces, y disfruté como un enano la adaptación de Peter Jackson. Incluso tuve que aguantar las ganas de levantar el puño en el cine y responder a la arenga del Rey Théoden, justo antes de la carga de los rohirrim, en El Retorno del Rey. También fuí durante años, un devorador de cómics de superhéroes (sobre todo, de los mutantes de la Marvel), y si no sigo siéndolo es únicamente por el gasto que representa seguir mes a mes todas las colecciones que me gustaría. Y la televisión... ¡Ah! Cuántas series de corte fantástico habré disfrutado, y sigo disfrutando: Star Trek, Galáctica (las dos versiones), El Coche Fantástico, Gárgolas, Mazinger Z, Embrujadas, Stargate, Perdidos... y sobre todo, Babylon 5, que en mi opinión (y que conste que es eso, una opinión) marcó un antes y un después en la ciencia ficción televisiva.
Precisamente, muchas veces me han dicho cosas justo en sentido contrario. La frase «cómo te puede gustar eso, tú que eres ingeniero», es algo con lo que he aprendido a convivir. Y es que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Puedo ser muy racional con el mundo que me rodea, pero también me encantan las historias fantásticas de ficción. Y el hecho de que mi parte racional me haga ver sus errores científicos, no por eso me gustan menos.
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