Anacondas explosivas

El de hoy va a ser un envío cortito, ya que trata de un tema que ya comenté hace tiempo, pero que esta vez es llevado a extremos casi paródicos. Hace unas semanas pusieron en la tele la película Anacondas: la cacería por la orquídea sangrienta. Trata de un grupo de exploradores que se interna en una selva para buscar una flor (la orquídea sangrienta) que tiene unas propiedades que la convierten en una joya para la industria farmacéutica. El problema es que el lugar donde florece la planta, está habitado por inmensas anacondas, que poco a poco van causando bajas en el grupo. Al final de la peli, los supervivientes se topan con una especie de nido, donde los inmensos bichos retozan y se aparean en un pozo de barro. Una de las serpientes se percata de los intrusos, y les ataca. Para defenderse, una de las protas le lanza una lata de gasolina, de forma que la cabeza de la serpiente se empapa de este líquido, y le lanza una bengala. El bicho se pone a arder un poco, y después cae al pozo, donde están sus compañeras. Y justo en el momento en el que se estrella, explota todo en llamas.
Sí, sí, no es coña. Ante secuencias como esta, uno no sabe por dónde empezar. Ya expliqué una vez que en el mundo real, los coches no explotan con tanta facilidad como en las películas. Y aquí hablamos de una serpiente. Vale, le han echado gasolina, pero para que explote de esa manera tendría que haber tragado una muy buena cantidad (cosa que no hace), y que hubiera tragado aire, que en su interior la mezcla fuera apropiada, y que justo en el momento del impacto, alguna llama se «metiera en la boca» para inflamar la gasolina de dentro. En fin, como he dicho, digno de una peli estilo Top Secret.
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