martes, mayo 23, 2006

Puntual como un virus

A raíz del envío sobre MI2, Glacierre me envía un correo electrónico comentándome otro error de la película, y que además es bastante recurrente en el cine y la TV. Se trata de los plazos, exactos hasta el segundo, desde que una persona se infecta con un virus mortal hasta que muere. En MI2, cuando la chica se inocula el virus Quimera, comienza a contar un plazo de 24 horas, en el que nuestro héroe deberá obtener el Belerofonte y administrarselo, o la chica morirá. Todo eso del plazo límite está muy bien para crear tensión, e incluso añadir más dramatismo mediante textos de apoyo en los que se indica el plazo transcurrido, o restante. Pero la realidad no es así. Un virus no tiene esa puntualidad inglesa.

Veamos, un virus no es una bomba de relojería biológica, en el que tras un plazo exacto, mueres. Básicamente, un virus, cuando se introduce en un organismo, infecta células del mismo, se reproduce (utilizando el propio mecanismo de las células en cuestión, ya que no tiene capacidad de hacerlo por sí mismo), infecta más células, y repite el proceso, ocasionando daños al organismo infectado. El crecimiento del virus y los daños que ocasiona, varía de un individuo a otro. Factores tan aleatorios como la constitución, la capacidad del sistema inmunológico, la fortaleza o debilidad de determinados órganos vitales, etc, influyen en este proceso.

Cuando se habla del periodo de incubación de un virus, o del tiempo que dura el padecimiento de determinada enfermedad, o cualquier otro tipo de plazo, siempre se habla de medias. Habrá casos en los que la variación sea mucha, o casos en los que sea poca, pero siempre habrá variación en torno a esa media. Habrá gente que se cure (o se muera) antes de ese plazo, y gente que lo haga después.

Por otro lado, no es lo mismo administrar una cura en los inicios de una infección, que cuando uno está a punto de irse al otro barrio. No penséis que en el instante de inyectar el remedio correspondiente, el virus es destruido inmediatamente. Transurre un tiempo hasta que el enfermo nota los efectos, y ese tiempo tampoco es exacto al minuto. Además, la enfermedad puede haber dañado gravemente órganos vitales, de forma que aunque el virus sea eliminado, el paciente aún siga en peligro, y sea necesaria algún tipo de operación, o que incluso ya no tenga remedio.

En fin, que el concepto de una cuenta atrás, segundo a segundo, de forma que si justo antes del plazo se inyecta el remedio el paciente se salva, y si se agota el plazo el paciente se muere, no corresponde con la realidad.

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