miércoles, agosto 03, 2005

Satélites espía

Algunos comentarios a raíz de mi último envío sobre 24, sobre satélites espías, me ha hecho recordar cómo muchas veces nos muestran estos satélites como artefactos que todo lo ven, y que pueden hacerlo desde distintos ángulos. Yo no es que sepa demasiado de satélites espías (no creo que nadie sepa mucho, salvo los militares y agencias diversas), pero existen una serie de limitaciones físicas que deben cumplir.

Lo primero y más obvio, es que el satélite debe estar en órbita. La órbita más baja ya supone una altura impresionante sobre la superficie de la Tierra. La Estación Espacial Internacional, por ejemplo, está en una órbita considerada baja, y aún así está a 386 km sobre la superficie terrestre. Esto implica que todas las imágenes que pueda tomar el satélite, necesariamente han de tener una perspectiva cenital, o de planta. Es decir, desde arriba, mirando perpendicularmente al suelo. Esto imposibilita el ver por ejemplo matrículas de coches, a menos que el coche en cuestión se haya estrellado y tenga el morro o el culo apuntando hacia arriba.

Carátula de El PacificadorRecuerdo concretamente una escena de El Pacificador, en la que siguen a los malos con un satélite. Repetidas veces se nos muestra la supuesta imágen del satélite, y por la perspectiva, parece que esté tomada simplemente desde una colina elevada. Incluso llegan a ver perfectamente la matrícula debido a ello. Por el contrario, en Enemigo Público, sí se muestra siempre una perspectiva completamente cenital en todas las imágenes del satélite.

Carátula de Enemigo PúblicoUno podía argumentar que si el satélite está muy bajo sobre el horizonte, entonces se puede obtener una imágen más "natural" (por decirlo de alguna manera). Pero existe el problema de la atmósfera. Al observar algo que se encuentre casi en el horizonte, entre lo que queremos ver y el satélite, hay muchísimo más aire que cuando miramos directamente hacia abajo. Y por muy buenas que sean las capacidades del satélite, la distorsión producida por la atmósfera es demasiado grande. Pensad por ejemplo en cómo vemos el Sol al atardecer. Ese color rojo es debido a la inmensa cantidad de atmósfera que debe atravesar la luz hasta llegar a nosotros. O realizad un simple experimento con unos prismáticos o incluso un telescopio. Observad algo muy muy lejano, que esté en la superficie, y veréis como una especia de neblina o distorsión, que hace que la imágen se vea borrosa y temblorosa. Pero si miráis a la luna llena (y que esé alta), se ve perféctamente.

Otro error bastante habitual es la asombrosa velocidad con la que los satélites se mueven hasta la posición adecuada. Es cierto que un cuerpo en órbita se mueve a gran velocidad. Volviendo a la Estación Espacial Internacional, ésta da una vuelta a la Tierra aproximadamente cada 90 minutos. Pero eso siempre lo hacen siguiendo la trayectoria de la órbita. Si se necesita en un momento dado observar alguna otra zona, no se puede modificar la órbita tan rápidamente. Normalmente, los satélites destinados a "observar", siguen órbitas bajas e inclinadas con respecto a los paralelos o meridianos, de forma que en cada vuelta cubra una porción terrestre diferente, y al cabo de un número determinado de vueltas, haya observado todo el globo. Si quieres observar otra zona, has de esperar a que es satélite pase por ahí. Lo cual nos lleva a otro problema: el satélite no puede observar una misma zona durante mucho tiempo.

Estos dos problemas son fácilmente solucionables poniendo en órbita varios satélites, de forma que en todo momento haya un satélite sobre determinadas zonas "interesantes". El famoso sistema GPS, por ejemplo, depende de una red de satélites, cuyas trayectorias están pensadas para que en todo momento tengas varios satélites "a la vista". Sin embargo hay películas donde parece que sólo se dispone de un único satélite para verlo todo.

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