Búsqueda

martes, noviembre 04, 2008

Ulises 31: Anillos planetarios

Hoy volvemos con Ulises 31, serie por la que tengo una gran debilidad, como ya sabéis. En el episodio titulado «Las revoluciones de Lemnos», nuestros amigos se topan con un planeta anillado, al que comparan con Saturno, y en el que se encuentran dos ciudades: Tracia y Lemnos. En Lemnos, las mujeres se encuentran esclavizadas por los hombres, y las obligan a trabajar en la construcción de naves tridente, para los hombres tiburon. El ambiente en las fábricas es terrible y propenso a las enfermedades, y los gobernantes están aterrorizados por las represalias de los hombres tiburón, si no obedecen. La verdad, es que es un argumento bastante completo e interesante para una serie infantil, donde se mezclan referencias a la discriminación sexual, la explotación laboral, y la opresión por medio de la fuerza y el miedo.

Fotograma del episodio, que muestra una ciudad espacial constuida sobre un anillo planetario

Pero vamos a lo que nos interesa. En el episodio, las ciudades de Tracia y Lemnos, están construidas sobre los anillos del planeta, como si éstos fueran sólidos. Además, la gravedad parece actuar como su el anillo fuese algo horizontal, con un arriba y un abajo, en vez de ir dirigida hacia el centro del planeta. Esto se puede apreciar al inicio del episodio, cuando al rescatar una nave de Lemnos (con la hija del Rey), los protagonistas casi «caen» hacia el anillo.

Como imagino sabréis muchos, los anillos planetarios (como los de Saturno) no son aros sólidos y rígidos, sino que están formados por polvo y pequeños fragmentos. Estos diminutos trocitos de materia, están en órbita alrededor del planeta, y por tanto, se mueven a una velocidad que depende de su distancia al mismo. Así, los fragmentos más internos se moverán más deprisa que los externos, puesto que la gravedad que ejerce el planeta sobre aquellos es mayor (recordad que la gravedad es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia).

Los anillos pueden aparecer durante el proceso de formación del propio planeta, cuando parte del polvo del disco de acreción no se agrega al planeta ni forma satélites, o como algún suceso catastrófico en el que un impacto rompa el satélite o lo acerque demasiado al planeta, de forma que la fuerza de las mareas lo despedacen. En cualquier caso, existe una distancia mínima a partir de la cual pueden formarse (o mantenerse enteros) los satélites. Es lo que se conoce como límite de Roche. Un objeto por debajo de este límite, sería deformado por la fuerza de las mareas (ya sabéis, la parte más cercana al planeta sería atraída con más fuerza que la más alejada), hasta romperse. Éste límite depende tanto de la masa del planeta, como de la densidad y elasticidad del cuerpo que orbita. Parece lógico que un objeto hecho de material muy rígido y resistente, puede aguantar más fuerza de marea sin romperse, que otro más endeble.

Fotograma del episodio, que muestra una vista de Lemnos, sobre el anillo, con naves tridente acercándose

Y sí, ya sé. Todo esto ocurre dentro del Universo del Olimpo, y si a Zeus le apetece que un planeta tenga un anillo rígido, con una gravedad artificial en dirección perpendicular al mismo, pues sea su voluntad. Pero cuando descubren el planeta, Telémaco le explica a Thais cómo es Saturno. Como suelo decir, bien podría Ulises comentar su extrañeza ante el antinatural anillo sólido, o soltar Shirka su famosa frase de «análisis imposible».

viernes, octubre 24, 2008

Todas las cosas tienen su final

No, no, tranquilos. No me estoy despidiendo. Resulta que esta semana, al llevar a mi preciosa nena al pediatra, en la sala de espera había un ejemplar de la conocida revista «Muy Interesante» (septiembre de este año), y en su portada aparecía como titular principal, algo así como «Ya se sabe cómo acabará todo» (cito de memoria, tal vez no sea exacto). Me sorprendí mucho, ya que hasta donde yo sé, aún no se conoce cómo será el fin del universo. De hecho, se barajan tres posibles finales: el Big Crunch, donde la gravedad terminará frenando la expansión del universo, y lo contraerá hasta que se colapse sobre sí mismo, como en un Big Bang marcha atrás; el Big Rip, donde la energía oscura acelerará cada vez más la expansión, venciendo las cuatro fuerzas fundamentales, deshaciendo galaxias, sistemas planetarios, hasta la propia materia, quedando una inmensa nube de partículas elementales; y la muerte térmica, inevitable por culpa de la implacable Segunda Ley de la Termodinámica, de forma que si el universo no termina por algún otro motivo, lo hará de esa forma.

Así que busqué el artículo, para ver si se había realizado algún nuevo descubrimiento sobre el tema, y resulta que no. De hecho, en el artículo se exponían diferentes finales para tres cosas: la humanidad, la Tierra (nuestro Sol, más bien), y el propio Universo. En los tres casos hay varios posibles finales, y así se explicaba en el artículo, por lo que el titular era totalmente falso. Esto sería más bien un caso de mala prensa (titular engañoso), pero en el propio artículo se mencionaban una serie de cosas que sí entran dentro de mala ciencia.

Al hablar de los posibles finales de la vida humana, se comenzaba mencionando una idea propuesta por un filósofo (no recuerdo el nombre), para calcular la probabilidad de que la humanidad se extinga en determinado intervalo de tiempo. Así, se exponía un experimento mental como analogía, en el que se tiene una caja llena de bolas numeradas (comenzando por 1 y de forma secuencial, de forma que el número más alto coincide con el total de bolas). No sabemos si en la caja hay 10 bolas o 10 millones. Pero si sacamos una bola al azar, y resulta que tiene el número 7, es mucho más probable que haya 10 bolas en la caja, que 10 millones, y dicha probabilidad se puede calcular. Una vez planteado esto, se explicaba que en el mundo real, el número de la bola extraida sería el total de nacimientos que ha habido desde el inicio de la especie humana, y aplicando las mismas matemáticas, se puede calcular cuál es el número máximo de nacimientos (bolas) más probable.

Pero esa analogía tiene una trampa. Si consideramos que cada nacimiento es una bola numerada, entonces no estamos extrayendo una bola al azar. Lo que estamos haciendo es extraer las bolas una a una, por orden. Volviendo al experimento, las 5 primeras bolas serán por narices, las que van numeradas del 1 al 5, y eso no me dice nada en absoluto de si es más probable que haya 10 ó 10 millones de bolas. De hecho, si utilizamos el razonamiento que nos plantean, al sacar las primeras bolas, el cálculo nos dirá que lo más probable es que en la caja haya pocas bolas; y a medida que vamos sacando más y más, nuestros cálculos aumentarán cada vez más el número total de bolas de la caja. Y al sacar las últimas bolas, pensaremos que quedan muchísimas más todavía. En fin, que no me parece en absoluto una forma válida de calcular la fecha de la posible extinción de la especie humana.

Lo curioso es que se proponían diversos finales, todos ellos destructivos, como impactos de meteoritos, pandemias mortales, guerras con armas de destrucción masiva (aunque dado que sobrevivimos a la Guerra Fría, creo que este es el menos probable, pese a nuestro belicismo), etc. No se proponía algo tan simple (y común, si no, la vida seguría igual que hace millones de años), como el que nuestra especie evolucionara, adaptándose a los cambios del ecosistema, hasta que ya no seamos homo sapiens, sino otra cosa. Bueno, se mencionaba el calentamiento global, pero también de forma catastrófica, y que provocaría extinciones en masa, no como un cambio al que las especies se adaptaran.

En el apartado dedicado a explicar los posibles finales del universo, se hace también una introducción desafortunada: así, se menciona que los antiguos griegos tenían razón al pensar que el universo estaba formado de cuatro elementos fundamentales, puesto que así ocurre en realidad: materia, energía, materia oscura y energía oscura.

Bueno, pues va a ser que no. Los griegos pensaban que todas las cosas estaban hechas de una combinación de aire, agua, tierra y fuego. Y sí, son cuatro, pero hasta ahí el parecido. Además, la materia oscura no es un «algo» diferente de la materia. La materia oscura es materia, con la única característica de que no emite radiación electromagnética (como luz) detectable por nosotros, pero que se sabe que existe por sus efectos gravitatorios. Y aunque aún no se sabe con seguridad qué es la materia oscura, los planetas entrarían perfectamente en dicha definición. El único problema de la materia oscura es saber qué es exactamente, y por qué está ahí. Pero es materia.

Por otro lado, ni materia ni energía (la energía oscura aún no se sabe muy bien lo que es, así que la dejaremos de lado) son componentes fundamentales del universo. Estos componentes son las partículas elementales, que forman tanto la materia como la energía. Sí, la energía también. Recordemos, por ejemplo, que la radiación electromagnética está formada por fotones. Estas partículas elementales son los componentes fundamentales del universo (y son más de cuatro).

jueves, octubre 16, 2008

CSI NY: «Crackeando» con chaquetas inalámbricas

Carátula de la cuarta temporada

Tras ver el episodio de CSI: NY de esta semana (y si no lo habéis visto, no sigáis), no puedo evitar comentar la «chaqueta inalámbrica» que usan los delincuentes. Recordemos un poco la trama: un genio fabrica unas chaquetas (de esmoquin, creo recordar) en cuyo interior hay una serie de alambres a modo de antenas, y un microprocesador. La chaqueta es capaz de conectarse de forma inalámbrica a los dispositivos que tenga cerca (no solo ordenadores, sino PDAs, móviles, etc.), y descargarse todos sus datos. Además, de alguna forma, las ondas electromagnéticas que emite, interfiere en aparatos eléctricos, de forma que las luces se encienden o parpadean. Así, en el laboratorio de los CSI, tras cortar la corriente al descubrir que había un acceso no autorizado en la red informática, a los pocos segundos se encienden las luces de la mesa donde estaban examinando la chaqueta.

Bueno, obviemos el hecho de que no nos explican de donde obtiene la energía, o dónde almacena los datos la chaqueta (podría tener pequeñas baterías, y memorias flash en su interior). Lo primero que debe de llamarnos la atención es que la chaqueta parece ser capaz de meterse en cualquier red o dispositivo. Sin embargo, por la propia naturaleza de un acceso inalámbrico, el dispositivo en cuestión debe permitir dicho sistema de comunicaciones. Es decir, a menos que el aparato en cuestión tenga Wi-Fi, Bluetooth o algo similar (y que la chaqueta además tenga implementado dicho acceso) será imposible hacer nada. Si la conexión de tu aparato con el mundo exterior, es únicamente con cables, no hay nada que hacer.

Uno puede imaginar que un PC doméstico moderno, es fácil que tenga algún acceso inalámbrico (a la mayoría de la gente le gusta tener lo último), pero me cuesta creer que la policía de NY tenga redes inalámbricas en sus edificios. Una comunicación de este tipo es inherentemente más insegura que una comunicación por cables. Independientemente del cifrado que pueda tener la comunicación (usar Wi-Fi sin cifrar es una invitación a todos los amigos de lo ajeno), cualquiera puede «escuchar» una transmisión por el aire, sin ser detectado. Interceptar una comunicación por cable es más complicado, puesto que hay que tener acceso físico al cable, en primer lugar. Además, un «pinchazo» puede detectarse, ya que si el aparato utilizado es pasivo, al receptor legítimo le llega la señal con menos potencia, puesto que parte de ella es desviada hacia la escucha ilegítima. Con una conexión inalámbrica esto no sucede, puesto que se irradian ondas electromagnéticas en todas direcciones. Sería como intentar averiguar si, al hablar, alguna persona extraña de alrededor está escuchándote o no.

Tenemos también el hecho de que la chaqueta accede sin problemas a toda la información. Todos conocemos más o menos que es eso de los «hackers» y «crackers» (que conviene no confundir: el cracker vendría a ser un hacker seducido por el lado oscuro), y sabemos que ocurren robos de información, ataques a ordenadores, virus informáticos, y todo eso. Pero cualquier tipo de acceso no autorizado, es debido a un error de programación del sistema. Un error que además permita hacer ciertas cosas que no se deberían hacer. Y eso ocurre, pero cada sistema tiene sus diferentes vulnerabilidades (si las tiene). La chaqueta del episodio, parece ser capaz de «crackear» todo lo que se le ponga a tiro, lo que supone que sabe aprovechar todas las vulnerabilidades conocidas de todos los sistemas. Y no sólo estamos hablando de todo el posible software que puede tener un ordenador (y no todo es Windows en el mundo), sino de vulnerabilidades en PDAs y teléfonos móviles.

Pero no lo ya no tiene ningún sentido es que la chaqueta encienda luces y aparatos. Al principio del episodio, el ladrón es sorprendido con las luces encendidas, cosa que extraña a los CSI. Más adelante, deducen que las luces se encendieron solas, por obra de la chaqueta, al igual que la iluminación de la mesa del laboratorio se encendió, pese a haber cortado el suministro eléctrico.

Un aparato eléctrico cualquiera, y las luces no son ninguna excepción, funciona cuando es sometido a determinado voltaje, y atravesado por determinada intensidad de corriente. Un interruptor eléctrico, como su nombre indica, interrumpe la corriente eléctrica. Puede ser algo tan simple como un pequeño trozo de material conductor, que mecánicamente abre o cierra el circuito, interrumpiendo o permitiendo la circulación de la corriente eléctrica. Y si el circuito está abierto, no hay nada que hacer.

Bueno, uno puede pensar que habrá instalaciones muy sofisticadas, cuyos interruptores no sean mecánicos, sino electrónicos, de forma que se puedan encender y apagar las luces con mandos a distancia, o cosas así. Pero en la escena del laboratorio, los CSI cortan la corriente de toda la habitación, tanto alumbrado como enchufes, lo que implica el uso de algún interruptor general, fusible o el clásico «automático», que son mecánicos, e interrumpen físicamente el circuito. Así, no hay forma de que las luces de la mesa se puedan encender.