Brainiac: ¿Dónde está la ciencia?
Hace unos días, leí una entrada en Curioso Pero Inutil (CPI para los amigos, blog que recomiendo encarecidamente) sobre un nuevo programa de Cuatro, llamado Brainiac, en el que se suponía hablaban de ciencia de forma divertida (aunque a mí, ese nombre siempre me evocara a cierto archienemigo del Hombre de Acero). Tanto el trailer como los comentarios a la propia entrada, me hicieron sospechar que lo de la «ciencia» era sólo un reclamo y una excusa para un programa donde lo que prima es la espectacularidad, la «tecnología de moda», y el... ¿cómo podría llamarlo? ... el «guayísmo» (pido perdón a los puristas de letras, por la espantosa palabra). Tras el primer programa (que no vi), los comentarios en dicha entrada de CPI confirmaron mis temores. Pero para formarse una opinión de algo, hay que conocerlo, así que, movido sobre todo por la curiosidad, el pasado fin de semana vi el segundo programa.
Efectivamente, ciencia, muy poquita. La mayoría de secciones consistían en «experimentos» más o menos espectaculares o divertidos (o esa era la intención), sin ninguna explicación de por qué ocurría lo que ocurría. Eso en el mejor de los casos, ya que en otros, simplemente el supuesto experimento no podía calificarse como tal.
El primero que vi (el programa ya había empezado cuando me senté delante de la tele) consistía en averiguar si era mejor una maleta cara o una maleta barata. Para ello, cogieron tres maletas, una barata (pequeña y blanda, de esas de tela o plástico), otra normalita (más grande y rígida), y otra cara (más grande todavía, y también rígida), y las llenaron con diversos objetos, algunos de ellos frágiles, como una botella (creo que de vino), un botijo y un portarretratos (con cristal, claro). Desde una avioneta, lanzaron las tres maletas (por separado), y comprobaron los restos. La cara había quedado bastante destrozada, así como su contenido. La normalita se había roto menos, y la botella estaba intacta. Y la más barata, estaba también bastante machacada, pero la botella y el portarretratos estaban bien. Conclusión del presentador: es mucho mejor comprarse una maleta barata. Así, sin más.
Un experimento de ese tipo, con un único lanzamiento por tipo de maleta, no sirve de nada, ya que en la caída intervienen muchos elementos aleatorios e incontrolados. Aunque todos se realizaron más o menos a la misma altura, a la misma velocidad y sobre el mismo punto, es imposible reproducir todas las variables en cada lanzamiento. La maleta podía caer sobre el duro asfalto de la pista o sobre la tierra de los lados. Podía caer sobre una cara, una arista o un vértice. La disposición del contenido podía ser diferente en todas ellas (sobre todo, por la distinta geometría y tamaño). De hecho, en la caída de la maleta más barata, ésta se abrió al golpear el suelo, dispersando el contenido en todas direcciones. En la repetición a cámara lenta se podía ver claramente como la botella salía disparada dando vueltas, alcanzando cierta altura, y cayendo nuevamente al suelo. Así que la maleta hizo bastante poco por proteger la botella, quedando intacta por puro azar. Ni siquiera aventuraron alguna hipótesis, como si era preferible que la maleta fuera blanda o rígida, o si era preferible que el contenido esté muy apretado.
Varios de los experimentos tenían esa misma carencia: falta de rigurosidad o control. Así, en un vídeo de la versión inglesa del programa, dos hombres participaban en una competición de obstáculos y pruebas de hablidad (algunas bastante ridículas). Uno de ellos respiraba periódicamente una mezcla enriquecida en oxígeno, y el otro no. El del oxígeno ganó la prueba, y sacaron como conclusión que la hiperoxigenación ayuda a realizar ciertas tareas. Una conclusión precipitada, ya que podía ocurrir que el ganador hubiera vencido igualmente en igualdad de condiciones, simplemente por tener más habilidad innata. En un experimento que intente ser medianamente válido, deberían haberse utilizado muchas personas, compitiendo varias veces al lo largo de varios días, a veces hiperoxigenadas, y a veces no.
En otro experimento, ponían a una señora detrás de una mampara transparente, y debía controlar el parpadeo involuntario ante varios estímulos, como lanzarle un balón a la cara o arrojarle un cubo de agua. Al final, la señora parpadeo una vez cuando un chico sobre un monopatín, parecía que la embestía. Según el presentador, habían demostrado que es imposible controlar ese parpadeo. ¿Con un único sujeto han demostrado algo?
Lo mismo cuando cogieron a dos gemelos para desmitificar una afirmación que pulula por ahí, que dice que ver una mujer desnuda durante 15 minutos, equivale a realizar una actividad física (como correr) durante ese mismo tiempo. Aquí, al menos utilizaron a dos gemelos (para que las condiciones de partida fuesen similares), y comprobaron las pulsaciones de ambos antes del experimento, en el que uno debía correr sobre una cinta, y el otro disfrutar del espectáculo de una stripper en vivo (que la cámara no captó en su totalidad, tranquilos). Independientemente del resultado (al gemelo corredor le subieron las pulsaciones muchísimo más que al «voyeur», como era de esperar), es bastante evidente que la presencia de gente observándote, cámaras y focos, necesariamente altera el resultado de un experimento donde hay un componente psicológico importante.
Además de la poca fiabilidad de los experimentos, los presentadores afirmaban constantemente que habían demostrado algo. Pues bien, en el mundo de la ciencia experimental (es decir, todas las ciencias, salvo las matemáticas), no se demuestra nada, salvo la falsedad de una hipótesis. Algo que mucha gente no tiene claro, es que una teoría científica nunca se puede demostrar, y sí refutar. Los experimentos pueden confirmar una teoría, y darle más peso a medida que cada vez más experimentos la corroboran. Pero basta uno sólo que la contradiga (bien hecho, y con controles, eso sí), para rebatir la teoría. De hecho, se suele decir que una teoría no puede considerarse científica si no podemos imaginar un experimento capaz de refutarla. Así, el test de las pulsaciones de los gemelos, sí podría demostrar la falsedad de la hipótesis (si el experimento hubiera sido más controlado), pero el de la señora que no debía parpadear, no demostró nada.
Aunque creo que lo más sangrante fue que en muy contadas ocasiones, explicaban la física detrás de lo que nos enseñaban. Así, en uno de los experimentos, pusieron a un gordo y a un flaco en una pista de hielo, a -5 ºC, para ver quién mantenía mejor su temperatura corporal. Hubiera sido un buen momento para explicar algo sobre la propagación del calor, y cómo una persona obesa conserva mejor el calor debido a las capas de grasa. Pero no. Se limitaron a poner a los tíos ahí, y a medir la temperatura al principio y al final.
Sucedió lo mismo cuando construyeron unos cohetes de agua. Cogían unas botellas y garrafas llenas de agua, a las que se les iba metiendo aire a presión. En un momento dado, la presión del aire era suficiente para hacer saltar el tapón y expulsar el agua, propulsando la garrafa. Pero no explicaron nada de nada. Ni por qué el agua salía disparada, ni por qué la botella se propulsaba de esa manera, ni por qué era necesaria el agua y no bastaba con el propio aire, ni un diagrama, ni esquema, ni nada. Es más, en el último «lanzamiento» utilizaron varias garrafas muy grandes sujetas entre sí, y un muñeco atado a ellas. La altura acanzada fue mucho menor que en los casos de garrafas sueltas, y dijeron que era por lo poco aerodinámico que era el muñeco. Pues no. La altura alcanzada fue menor por que la relación entre la masa de empuje (el agua) y la masa de carga (el «peso muerto», para entendernos) era menor. Es decir, en una botella o garrafa sola, la masa del agua expulsada es mucho mayor que la del «cohete» (la botella vacía); sin embargo, en el caso del muñeco, hay una cantidad considerable de masa que no es utilizada para proporcionar empuje (el muñeco).
Otra oportunidad desperdiciada sucedió cuando enseñaron un segway (un vehículo de esos de dos ruedas en los que se va de pie, y no, no me refiero a una moto). Uno de los presentadores mencionó de pasada que funcionaba gracias al principio de un giroscopio, y mostró fugazmente uno (un giroscopio), para luego pasar a una absurda carrera de segways con los presentadores disfrazados de romanos. Ese tiempo podrían haberlo empleado mejor en enseñarnos cómo funciona un giroscopio (como en el video de hace unos meses en CPI), o explicar más en detalle cómo se sostiene el segway. Mencionaron que un giroscopio se opone a que su eje de rotación cambie, por lo que uno podría pensar que el vehículo no se cae porque el propio giroscopio lo impide; pero en realidad, los giroscopios del segway actuan sólo como sensores, y el pequeño ordenador incorporado utiliza esa información para mantener el equilibrio, con los propios motores de las ruedas.
En otra ocasión, disparan contra un chaleco antibalas para ver si es verdad que funciona, utilizando una pistola, un rifle, y un arco de competición. Podrían haber explicado por qué el disparo de un rifle es más dañino que el de una pistola. O si tiene más energía cinética una bala o una flecha (la bala tiene menos masa pero más velocidad). O los efectos que puede tener el impacto sobre la persona que lo lleve, a pesar de la protección (en las pelis vemos que el héroe de turno cae al suelo y le cuesta respirar durante unos segundos). Pero no.
Me dejo cosas, pero en casi todos los casos ocurría lo mismo: pruebas sin demasiada rigurosidad y nulas explicaciones del fenómeno que vemos. La única excepción fue cuando explicaron por qué es imposible abrir un paraguas debajo del agua. Pero el resto... divulgación cero. En fin, una buena idea desperdiciada (porque la idea en sí, es buena, y ahí está El mundo de Beakman para demostrarlo).











