El efecto Biefeld-Brown
Hace ya varios días, recibí un correo electrónico de un nuevo lector de este blog, preguntándome si podría hablar del efecto Biefeld-Brown (saludos Mike). Se trata de un efecto interesante y muy mal entendido por muchísima gente, que ve en él una especie de fuerza de anti-gravedad
, e incluso lo citan como posibles sistemas de propulsión de naves espaciales.
¿En qué consiste el efecto Biefeld-Brown? Bien, imaginemos un objeto conductor con determinada carga eléctica positiva. En el colegio nos enseñaron que los electrones de los átomos tienen carga negativa, y que cargas eléctricas de distinto signo se atraen. Así, los electrones de los átomos de aire muy cercanos al conductor, son atraídos por el objeto de carga positiva, e incluso arrancados
de algunos de ellos, ionizando el aire. Este aire ionizado tiene carga eléctrica neta positiva (ha perdido electrones), y por tanto puede hacer lo mismo con átomos de aire que estén más alejados del conductor, aunque en menor medida. Si el objeto es estrecho y puntiagudo, el aire cercano al objeto se ionizará muchísimo. El gradiente de potencial eléctrico en esa zona (es decir, la variación de potencial eléctrico con la distancia) será muy alto, o dicho de otra forma, habrá una variación muy brusca de potencial. Desde el punto de vista eléctrico, parecerá que el objeto ha crecido, ya que el aire ionizado de alrededor afecta de la misma manera a las cargas eléctricas, que el propio objeto. Esto es lo que se conoce como efecto corona.
Bien, imaginemos ahora que ese objeto no está ahí solito, sino que forma parte de un circuito eléctrico. Concretamente, sería el electrodo positivo. Como electrodo negativo, utilizaríamos cualquier otro objeto, con formas más redondeadas. Resulta que al ionizarse el aire alrededor del electrodo positivo (el que tiene forma puntiaguda) y adquirir carga positiva (recordad, que pierde electrones), esas moléculas tienden a desplazarse desde el electrodo positivo (donde se originaron) al negativo, y en su recorrido, chocarán con otras moléculas de aire eléctricamente neutras, produciendo una transferencia de cantidad de movimiento entre ellas. El resultado global es que el aire que se encuentra entre los electrodos, se verá empujado
en la dirección del movimiento de los iones, y por tanto, el sistema con los electrodos sentirá una fuerza en sentido contrario (por la famosa Tercera Ley de Newton). Es decir, la simple presencia del campo eléctrico, empuja nuestro invento. Pues bien, eso es el efecto Biefeld-Brown. Cuanto mayor sea el gradiente de potencial, mayor será la fuerza neta ejercida sobre los electrodos, pero si superamos la tensión de ruptura eléctrica del aire (momento en el cual el aire se comporta como un conductor), se producirá un arco voltaico (como en los rayos de tormenta) y perderemos el efecto.
Una vez entendido esto, parece obvia una aplicación inmediata de este efecto: la propulsión. Si somos capaces de desplazar aire en una dirección, nuestro vehículo se moverá en sentido contrario. De hecho, un avión funciona de forma parecida. Bien sea de hélice, bien a reacción, lo que hace es empujar el aire hacia detrás, de forma que el avión se mueve hacia delante. Si lo que hacemos es empujar el aire hacia abajo, como un helicóptero, podremos hacer flotar nuestro vehículo en el aire, sin moverse. Y precisamente por eso, hay quien piensa que lo que hace este efecto es crear una especie de anti-gravedad. El propio co-descubridor de este efecto, Thomas Townsend Brown, pensó que podría ser el medio de propulsión de platillos volantes.
Sin embargo, como podéis ver, la realidad es bien diferente. No hay ninguna relación entre el campo eléctrico y el gravitatorio. Simplemente se produce un desplazamiento de aire, igual que podría hacerlo una sencilla hélice (con la ventaja añadida de no necesitar partes móviles). No tiene más misterio. Y obviamente, no sirve para propulsarnos en el vacío del espacio, ya que no tenemos aire que ionizar y empujar.






