El tamaño sí importa: crecimiento acelerado
A raíz del envío anterior, en el que puse un enlace al artículo de CPI que comentaba la variación de la fuerza con el tamaño, he recibido una petición: hablar de los crecimientos exageradamente acelerados de criaturas, en determinadas películas.
Ejemplos de esto hay muchos. Tenemos al terrible alien de Alien: El Octavo Pasajero, que tras salir del pecho de John Hurt como un pequeño bicho, su siguiente aparición es como el enorme monstruo que todos conocemos (justo antes de matar a su siguiente víctima). Tenemos también la ameba gigante de Evolución, que crece en cuestión de segundos (aunque en el caso de comedias ridículamente paródicas, tal vez estas cosas se puedan perdonar). Si nos vamos al mundo de la serie B, encontraremos todo tipo de seres que tras recibir una dosis de radiación, aumentan su tamaño en un breve lapso de tiempo (como las hormigas gigantes del clásico La Humanidad en Peligro).
En el cómic hay muchos más ejemplos, como el conocidísimo Hulk, en el que el alfeñique de Bruce Banner se transforma en segundos en el enorme y forzudo hombretón verde. También hay ejemplos de reducción casi instantánea de tamaño, como la Avispa.
En este tipo de historias, aparte de la supuesta explicación para el cambio de tamaño, que puede ser más o menos creíble (el propio metabolismo de la criatura) o imposible (dosis de radiación), todas ellas cometen el mismo error. Violan una sencilla pero omnipresente ley: la conservación de la masa.
En efecto, el conocido principio de conservación de la energía (pilar fundamental de la física), puede particularizarse para la masa: la masa ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. En una explosión, por ejemplo, la suma de todos los fragmentos resultantes debe tener la misma masa que el objeto antes de explotar.
En todos los ejemplos mencionados, la criatura en cuestión no sólo aumenta de tamaño, sino que pesa más. ¿De dónde viene esa masa adicional? ¿Se crea así sin más?
Bueno, los seres vivos crecen ¿no? Eso es evidente. Un bebé recién nacido suele pesar en torno a los 3 kg y pico, y una persona adulta pesa muchísimo más (no sé donde está la media, pero supongo que en algún punto entre 60 y 90 kg). Pero ese aumento de masa se debe a que a lo largo de su vida se ha ido alimentando. Parte de los alimentos que ingerimos son utilizados como combustible, parte son expulsados, y parte son utilizados para construir nuestro cuerpo. Si durante un periodo de tiempo pesáramos lo que comemos, y lo que expulsámos, y pudiéramos medir de alguna manera la parte que quemamos en la combustión celular, al sumarlo todo veríamos que coincide exactamente con nuestra diferencia de peso durante el mismo periodo.
Y ahí está el problema. Para que un ser vivo aumente su masa, necesita comer. Y necesita comer algo con más masa que la que adquiere al crecer (pues es de suponer que por muy raro que sea la criatura, algo expulsará y algo quemará).
Bruce Banner no se atiborra comer antes de transformarse en Hulk, aunque en el caso de un cómic de superhéroes estas cosas se pueden pasar por alto (si no, no habría diversión). En Evolución explican que la forma de vida alienígena asimila de alguna manera la energía calórica. La energía se puede transformar en masa y viceversa. Muy pillado por los pelos, pero vale. En las películas de serie B, no siempre se sabe exactamente cuanto tiempo tarda el bicho en crecer. Venga, suponemos que pasan meses en los que se atiborra de comida.
Pero en el caso de Alien, desde que sale del pecho hasta que mata al siguiente, no come absolutamente nada (ni siquiera al gato). Y sin embargo, ha aumentado considerablemente de tamaño y masa.
Me dejo muchas películas en el tintero, lo sé. Pero es imposible acordarse de todas.
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