jueves, julio 14, 2005

Congo, lásers y diamantes.

Carátula de CongoEl domingo pasado pusieron en Tele 5 la película Congo, basada en una novela del famoso Michael Crichton. La película recuerda a esas pelis de aventuras antiguas, sin más pretensión que la de entretener. Va de un heterogéneo y variopinto grupo que se aventura en la selva para encontrar una legendaria ciudad perdida, donde existe una mina de diamantes. La idea es utilizar los diamantes para construir mejores lásers de comunicaciones.

Aquí hay un error de fondo que es común en muchas películas, como Diamantes para la Eternidad. La mayoría de la gente piensa que los diamantes son necesarios para construir un láser. Y eso no es así.

Vamos a ver antes qué es exactamente un láser. La palabra láser, viene del acrónimo Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation, que quiere decir, amplificación de luz mediante emisión estimulada de radiación. ¡Ah, vale! Clarísimo. ¿Y eso qué quiere decir? La emisión estimulada es un fenómeno cuántico, que se produce en algunos materiales. Imaginemos un átomo con sus electrones dando vueltas por ahí. Si excitamos los electrones (eso quiere decir proporcionarles energía, no penséis mal), éstos estarán temporalmente en ese estado de excitación, hasta que pierdan la energía y vuelvan a la normalidad. ¿Y cómo la pierden? Pues en el caso que nos interesa es en forma de fotones. Concretamente luz. En principio, los fotones pueden ir en cualquier dirección, y la frecuencia (es decir, el color) oscilará entre determinados valores que dependerán del material. Si cuando están excitados esos electrones, soltamos por ahí un fotón como quien no quiere la cosa, el electrón se "des-excitará" en ese momento, emitiendo un fotón en la misma dirección y frecuencia que el que pasaba por ahí. Si aplicamos esto a gran escala, pues tenemos un haz de luz monocromático (de un único color) y colimado (en una única dirección). Es decir, un láser.

¿Y cómo se hace eso? Básicamente con un material que posea la propiedad que hemos explicado, que emita luz en la frecuencia deseada (y no necesariamente luz visible, los hay de infrarrojos y de ultravioletas), y un par de superficies reflectantes en paralelo, donde los fotones rebotan y rebotan, pasando una y otra vez por el material. Existen distintos tipos de láser que utilizan distintos materiales. Y el diamante no es uno de ellos.
Diagrama de un láser de Helio-Neón

Dibujo de cíplope disparando sus rayos ópticos, por Jack Kirby.El primer láser fabricado, fue un láser de rubí. Supongo que por eso la errónea creencia de los diamantes. Si con un rubí puedes hacer un laser, pues con un diamante también. Supongo también de ahí surgió la idea de que los ráyos ópticos de Cíclope (para el que no lea cómics, es uno de los miembros de la Patrulla X) sólo pueden ser detenidos por el rubí.

La única utilidad del diamante en la industria del láser, es que puede utilizarse para mejorar determinados lásers de alta potencia, a modo de lente, ya que puede soportar bien las altas temperaturas que se alcanzan sin perder sus propiedades. Pero existen otros materiales que sirven para ese fin, y si es necesario el diamante, pues se utiliza diamante sintético que es más barato.

Foto de un diamante en bruto.En cualquier caso, el diamante debe estar tallado de una forma determinada. Uno no puede coger diamantes de joyería y esperar que sirvan para conseguir el láser más potente conocido. Mucho menos, agarrar un diamante en bruto de una mina, meterlo en el pistolón láser de turno y esperar que funcione, como ocurre en Congo, que es de lo que estábamos hablando. Por cierto, que los diamantes en bruto son más bastos, no como en la película que aparecen diamantes perfectamente tallados.

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