jueves, julio 17, 2008

Sunshine y nuestro querido sol

Carátula de la película

Por fin he tenido ocasión de ver la película que varios de vosotros habíais comentado: Sunshine. Bastante mala ciencia, aunque The Core sigue ganando por goleada. Para el que no la haya visto, resumiré un pooco el argumento: en un futuro cercano, el sol se apaga poco a poco, por lo que se manda una nave espacial con la mayor bomba nuclear jamás construida (se dice que se ha utilizado todo el material fisionable de la Tierra), para «reactivar» el Sol.

La premisa del argumento tiene varios errores básicos, en cuanto a cómo funciona y evoluciona una estrella. Nuestro Sol es lo que se conoce como una enana amarilla, y se encuentra dentro de la llamada secuencia principal. ¿Qué quiere decir esto? Pues sin entrar en demasiados detalles, la secuencia principal es el estado en la que las estrellas pasan la mayor parte de su vida activa (generando energía mediante reacciones nucleares). La mayor parte de una estrella en este estado, es hidrógeno, que poco a poco se va transformando en helio mediante reacciones nucleares de fusión que se producen en el núcleo. Se calcula que a nuestro Sol le aún le quedan unos 5.000 millones de años de esta etapa, por lo que tenemos ahí el primer error de bulto. En la peli, la acción transcurre en un futuro cercano, y no se ofrece ningún tipo de explicación a la repentina disminución de brillo del Sol. No se mencionan experimentos que salieran mal, ni visitas de alienígenas, ni nada que pueda justificar (en la ficción) una alteración tan radical del Sol.

Sigamos. A medida que el hidrógeno del nucleo se va agotando, éste se contrae, aumentando su temperatura, mientras que el hidrógeno de las capas más externas comienza también a fusionarse. Esto hace que el brillo aumente. Este aumento gradual continua durante la etapa de secuencia principal. Vemos por tanto que lejos de disminuir su brillo, como en la película, a medida que pase el tiempo, en realidad aumentará.

Llega un momento en el que las condiciones del núcleo son tales que el helio producido por la fusión del hidrógeno, comienza a fusionarse también. Llegados a este punto, la estrella abandona la secuencia principal. La temperatura de la superficie comienza a disminuir, y su color se va haciendo más rojizo. Su tamaño sigue aumentando, pero su masa disminuye debido a la pérdida gradual de capas externas, hasta convertirse en lo que se conoce como gigante roja. En el caso de nuestro Sol, se calcula que al aumentar de tamaño, engullirá a Mercurio y a Venus. Tal vez la Tierra se salve, al aumentar el radio de su órbita debido a la pérdida de masa del Sol, o tal vez no, y sea también engullida.

Finalmente, cuando es Sol haya agotado su «combustible», las capas externas serán lanzadas al exterior, formando una nebulosa planetaria, y el núcleo se comprimirá por su propia gravedad, hasta convertirse en una enana blanca, un objeto extremadamente denso cuyos átomos están «apelotonados», con apenas espacio entre ellos. Para haceros una idea, en el caso de nuestro Sol, su tamaño al convertirse en enana blanca sería comparable al de nuestro planeta. Nuestro Sol ya ha terminado su vida como estrella, y no es capaz de generar más energía, aunque durante mucho tiempo, irradiará algo de luz y calor, debido a su elevada temperatura (un nucleo de estrella tarda mucho, pero mucho tiempo, en enfriarse; tanto que se calcula que ninguna enana blanca se ha enfriado del todo, en toda la historia del universo).

Una vez entendido cómo evoluciona una estrella como nuestro Sol (e insisto en lo de «como nuestro Sol», pues otros tipos de estrellas siguen caminos diferentes), podemos ver que la premisa de la película viola la astrofísica conocida. El Sol no se «apagará» así sin más. Antes de ello, incrementará su brillo hasta el punto de hacer imposible la vida en nuestro planeta (al menos, la nuestra). Se calcula que incluso los océanos se evaporarán. Después, se convertirá en una gigante roja (que rematará lo que haya podido quedar). Y tras ello, y sólo tras ello, se apagará.

Podemos ver también que la solución propuesta no funcionaría. La raíz de todo es el hidrógeno. A medida que se consume el hidrógeno, la estrella cambia. Y no hay nada que podemos hacer para evitarlo, salvo añadir más hidrógeno (y mucho, claro; tal vez si le lanzamos a Júpiter enterito...). Lanzar una bomba nuclear de fisión del tamaño de Manhattan (como se especifica en la peli), no serviría de nada. El Sol no es una madera a medio quemar, que vuelve a arder si la prendemos. Ya podemos lanzarle todas las bombas que queramos, que no se «reactivaría».

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