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miércoles, mayo 30, 2007

El sistema Galileo (y van 4)

Uno de los lectores habituales, Serlio, me ha avisado de una noticia publicada en la web de Antena 3 (que por cierto, parece que han quitado), sobre el sistema Galileo, plagada de errores e imprecisiones. Recordaréis su trabajo guarda relación con el proyecto Galileo, y que gracias a él escribí tres artículos al respecto [1] [2] [3]. En la web aparece un vídeo y un resumen en texto del mismo. Lo que se oye en el vídeo es correcto, pero el resumen de texto... pues eso, carnaza de MalaCiencia.

El titular reza Galileo es el nuevo sistema de GPS utilizado por algunos aviones en nuestro país y luego más adelante explica que es algo así como un GPS para aviones. Y eso simplemente es una invención. Galileo no está especialmente diseñado para aviones, sino que al igual que el GPS, será un sistema de posicionamiento que podrá ser utilizado por cualquiera (viandantes, coches, barcos, y sí, también aviones). Lo que ocurre es que se han hecho unas pruebas con un avión. Pero no es algo que se esté utilizando, más que nada, por que Galileo está aun en pañales.

Más adelante se dice que las zonas oscuras desaparecen. Sin ser realmente un error, se omite la mención a las balizas, que sí se hace en el vídeo. Sin este dato, uno puede no saber a qué se refiere. Y aún así, no está de más una breve explicación. Veamos, como imaginaréis, los pilotos no se guían únicamente de forma visual. Los aviones modernos se guían por una serie de radiobalizas, dispuestas por tierra. Tenemos los NDB, que simplemente emiten una señal con un código que identifica a cada uno, y los VOR, que emiten también una señal con un código que los identifica, y además información sobre la dirección en la que viaja la señal (y por tanto, nos permite conocer en qué dirección se encuentra, sin necesidad de un receptor direccional). Es fácil deducir que existirán zonas donde por la orografía, distancia, condiciones atmosféricas o la propia curvatura de la Tierra (aunque la señal de los NDB es de baja frecuenica, y sigue dicha curvatura), existirán zonas donde no se reciba señal alguna de ninguno de estos aparatos. Esas zonas se llaman zonas oscuras, y serían el equivalente a las zonas sin cobertura de la telefonía móvil.

Bien, parece obvio que ese problema no debería existir con una red de satélites, ya que no hay nada que se interponga entre éstos y nosotros. ¿Nada? Bueno, sí, la propia Tierra. Ya comenté en otra ocasión que para recibir correctamente el servicio, necesitamos tener a la vista, sobre el horizonte, un número mínimo de satélites. Pero parece razonable pensar que con suficientes satélites, en las órbitas adecuadas, se puede dar cobertura a una superficie muchísimo mayor.

También se dice en otra parte: la señal de Galileo corregida por unos satélites especiales que son los Ecnos. Bueno, el sistema en cuestión se llama EGNOS (con «G» y en mayúsculas). No son únicamente satélites, sino que comprende también una red de estaciones terrenas, que son realmente la piedra angular del sistema (como veremos). Y además, no se utiliza para corregir la señal de Galileo. Como ya he dicho, el proyecto está aún en desarrollo, pero es que además, Galileo no se ha diseñado para ser compatible con EGNOS. El EGNOS se utiliza actualmente para corregir las señales de GPS y de GLONASS (que los rusos también tienen de eso). Serlio me explica en otro correo cómo funciona EGNOS, en detalle pero muy claro y sin demasiados tecnicismos, por lo que copio y pego directamente (lo que antes se llamaba «citar»):

A ver, la idea que hay detrás de EGNOS es la siguiente:

Cuando un receptor calcula su posición, esta posición tiene un margen de error que en el caso de GPS está en torno a los 20 metros. Este error se debe a varios factores, entre los cuales están el error en la posición transmitida del satélite (hay que tener en cuenta que la posición transmitida es una predicción de la trayectoria del satélite y por tanto sujeta a errores), el error en el reloj del satélite (no está bien sincronizado) o los retardos en la señal emitida desde el satélite debidos a efectos atmosféricos (ionosfera y troposfera).

Lo que se hace en EGNOS es disponer de unas estaciones (receptores) en tierra, de las cuales se conoce la posición con precisión milimétrica. Esta posición no se calcula con GPS (estaríamos como aquel que quería elevarse tirando de los cordones de sus zapatos) sino con técnicas geodésicas que, sinceramente, desconozco. Los receptores disponen entonces de dos posiciones: la verdadera y la que les está dando GPS en cada momento. Así pues, cada receptor conoce con total exactitud el error de GPS en ese punto de la tierra en cada instante.

Bueno, en realidad estos receptores son «tontos» y lo único que hacen es transmitir los datos recibidos de GPS a unos centros de cálculo, donde se combinan y procesan los datos que transmiten todos los receptores. Los algoritmos que se usan son bastante complicados, pero en el fondo de lo que se trata es de usar ese error conocido en cada estación y en cada momento, «separándolo» para deducir de ahí los errores en la órbita y en el reloj de cada satélite, y también se calcula un «mapa» ionosférico para poder corregir el retardo que produce esta capa de la atmósfera en la señal GPS.

Las correcciones de órbita y reloj de cada satélite y el mapa ionosférico se transmiten entonces a los usuarios vía los satélites geoestacionarios de que dispone el sistema. Así pues, un usuario cuyo receptor pueda trabajar con la señal EGNOS recibirá datos por un lado de GPS y por otro de EGNOS y calculará su posición con GPS aplicando las correcciones transmitidas en la señal EGNOS. El resultado es que mientras GPS da una precisión en torno a 20 metros, GPS+EGNOS da una precisión en torno a 2 metros.

Pero el motivo fundamental para el desarrollo de EGNOS no es la mejora en la posición. Uno de los problemas más importantes de GPS es que no hay ninguna garantía de que la posición calculada sea correcta, con ningún margen de error. Dicho de otra manera, es perfectamente posible que mi receptor GPS diga que estoy en Villabotijos de Arriba y resulta que estoy en Villabotijos de Abajo, 500 metros al sur. El receptor nunca me va a avisar de eso. Desde el punto de vista de las aplicaciones comerciales, esto es fatídico. Por ejemplo, se pretende usar GPS para cobrar el uso de peajes a los conductores. El sistema dice que has entrado en el peaje, pero tú dices que no, que no has entrado. Pues bien, el dueño del sistema de peaje no tiene ninguna manera de demostrar que lo has hecho, porque GPS no le da ninguna garantía en la posición calculada. Y no hablemos ya de aterrizaje de aviones por ejemplo, es perfectamente posible que GPS le diga al avión que está 100 metros más arriba o más al este de lo que realmente está, y el piloto no tiene ninguna manera de saber qué margen de error tiene el sistema en ese momento. Aterrizar así es de todo menos seguro.

Aquí es donde entra EGNOS. Además de las correcciones, EGNOS calcula unos parámetros mediante los cuales el usuario puede calcular el margen de error en la posición GPS con una cierta seguridad de que los datos son correctos. La probabilidad de que los datos estén mal y no lo sepamos es realmente baja: 10-7. Esto significa que si GPS (con las correcciones EGNOS) me dice que estoy en un cierto punto X, gracias a EGNOS sabré que la posición es correcta con un margen de 2 metros (o los que sean). Si EGNOS detecta que la información que proporciona no me puede garantizar esos 2 metros de error, me avisará de ello antes de, como mucho, unos 5 segundos, con una probabilidad menor que 10-7 de que no me avise. Esto significa que, por ejemplo, en un año, el margen de error calculado a partir de los datos dados por EGNOS será erróneo, como mucho durante unos 3 segundos. Es lo que se conoce como «Integridad» del sistema.

Se obtiene por tanto una garantía en la posición dada por GPS, y permite aplicar GPS en aplicaciones comerciales y críticas. Es sin duda el añadido más valioso que proporciona EGNOS, aunque a nivel de usuario llame más la atención lo de la mejora de la precisión.

El sistema EGNOS está completamente desarrollado, y según lo último que sé, funciona perfectamente en cuanto a prestaciones, pero hay algún problema en la integración de los sistemas que lo componen y «se cae» (deja de dar señales) cada no demasiado tiempo. Supongo que es cuestión de muy poco tiempo (meses) que se arreglen los problemas y esté completamente operativo.

Para usar el sistema EGNOS es necesario un receptor específico que lo soporte. Los receptores normales que venden para el coche (TomTom y cosas de esas) no lo soportan.

Al igual que EGNOS en Europa, existe un sistema prácticamente idéntico en EEUU, el WAAS, que lleva funcionando desde el 2003, y otro en Japón, el MSAS (del que desconozco más detalles). La única diferencia es que EGNOS proporciona correcciones para Europa, mientras que WAAS lo hace para Norteamérica y MSAS para Japón, pero son hasta tal punto compatibles que un receptor GPS+WAAS comprado en EEUU funcionará sin problemas con GPS+EGNOS en Europa o con GPS+MSAS en Japón, y viceversa. Esto es así porque la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI, ICAO en inglés) ha estandarizado la frecuencia y las señales a enviar para cualquier sistema de aumentación basado en satélite (SBAS en inglés, EGNOS, WAAS o MSAS son ejemplos de tales sistemas) que quiera operar en aviación.

Otra cosa que me han contado sobre EGNOS, y en general sobre sistemas de navegación por satélite, es que es altamente improbable que nunca un avión comercial llegue a aterrizar usando exclusivamente un sistema de este tipo. Es probable que la OACI termine aceptando GPS+EGNOS o incluso Galileo como ayudas a la navegación aérea, pero como sistemas redundantes, es decir, que los aviones dispondrán de diversos sistemas de ayuda con el objetivo de usar unos si los otros dejan de funcionar adecuadamente. Te lo digo porque la noticia de Antena 3 invita a que vuele la imaginación de la gente (un avión aterrizando solo) y nunca se sabe, pero por lo visto eso no va a ser así al menos en las próximas décadas y, como he dicho antes, para aviones comerciales (otra cosa serán los militares con sus inventitos).

Para terminar, insistir en que EGNOS se desarrolló para funcionar con GPS cuando Galileo ni siquiera estaba diseñado y por tanto EGNOS no se diseñó para ser compatible con Galileo, y que el diseño y desarrollo de Galileo se ha hecho sin tener en cuenta la posible compatibilidad con EGNOS, por lo que Galileo y EGNOS serán incompatibles. Lo que sí es cierto es que Galileo se ha diseñado de forma que incorpore señal de integridad (lo que llamaba antes garantía) a nivel global, por lo que a priori no necesitaría un EGNOS para dar este servicio.

Bueno, mil gracias a Serlio.

Quisiera comentar una última reflexión, aunque no sea necesariamente mala ciencia. Se está empezando a utilizar el término GPS para denominar a cualquier sistema de posicionamiento por satélite, sea GPS o no. No olvidemos que GPS es un sistema concreto, desarrollado por EE.UU. Es algo similar a lo que sucede con palabras como «rotring» o «clinex», que en realidad son nombres de marcas comerciales, pero se utilizan para designar a los delineadores (¿se llaman así?) y pañuelos de papel, respectivamente, sean o no de dichas marcas (por cierto, la de los pañuelos, en realidad se escribe Cleenex Kleenex).

jueves, mayo 24, 2007

Un millón de litros cúbicos

Hoy ha sido portada de noticiarios de televisión y diarios digitales españoles, la terrible inundación que está sufriendo la zona de La Mancha, sobre todo la población de Alcázar de San Juan, donde vivo yo. En realidad, la situación comenzó el martes, con vías ferroviarias cortadas parcialmente por el agua, y a partir de ayer por la tarde puede decirse que Alcázar quedó totalmente incomunicado por tren y carretera. Como trabajo en Madrid, y aquí ha sido donde me ha pillado esta historia, estoy muy pendiente de lo que dicen las noticias (aún no he podido volver a mi pueblo). Y así me he encontrado con esto en el diario 20 minutos:

La ruptura de un dique natural en Alcázar de San Juan podría inundar la localidad con el millón de litros cúbicos de agua que contiene.

Captura de pantalla del diario

Supongo que será debido a las prisas, ya que los diarios online intentan estar constantemente actualizados (cosa que en casos como éste, es de agradecer), pero la frase tiene un error bastante gordo: los litros cúbicos no existen.

En el Sistema Internacional, tenemos dos formas de expresar un volumen: con unidades de distancia elevadas al cubo (como metros cúbicos o centímetros cúbicos), o con unidades de capacidad (como litros o mililitros). No hay por tanto nada parecido a los litros cúbicos. En realidad, el volumen en cuestión (y que se ha mencionado en casi todos los medios) es de un millón de metros cúbicos.

En otros sitios, como en Terra, han dado la cifra de un millón de litros, lo que tampoco es correcto, puesto que entre un millón de litros y un millón de metros cúbicos hay una grandísima diferencia. En el colegio nos enseñaron que un litro era igual a un decímetro cúbico:1 l = 1 dm3. Fijáos, un decímetro cúbico, no un metro cúbico. ¿Y cuántos dm3 (y por tanto, litros) tiene un metro cúbico? Veamos, también nos enseñaron en el cole que un decímetro es la décima parte de un metro, es decir, 1 m = 10 dm. Si elevamos al cubo las unidades de longitud, obtenemos unidades de volumen, pero no hay que olvidar que también se deben elevar al cubo las equivalencias. Es decir, 1 m3 = 1.000 dm3 (103). Por tanto, un metro cúbico son 1.000 litros. Y un millón de metros cúbicos es nada mas y nada menos que mil millones de litros.

La diferencia es bastante notable. Un millón de litros, aunque parezca mucho, en realidad es menos de la mitad de la capacidad de una piscina olímpica. Las dimensiones de una piscina olímpica son de 50 m de largo por 25 m de ancho, con un mínimo de 2 m de profundidad. Eso son 2.500 m3, que como hemos visto equivalen a 2.500.000 litros.

En numerosos medios se dice que 1.000.000 m3 viene a ser lo que cabría dentro del estadio Santiago Bernabeu, lo que es algo realmente impresionante. No sé muy bien si el cálculo es correcto, ya que habría que conocer bien las dimensiones del estadio, y tener en cuenta que es más ancho por arriba que por abajo (debido a las gradas). Pero podemos hacer un rápido cálculo. Las dimensiones del campo en sí son de 106 m de largo por 66 m de ancho. Eso nos da una superficie de 6.996 m2. Para llegar a un volumen de 1.000.000 m3, deberíamos imaginar sobre esa superficie, un enorme prisma de casi 143 m de alto (más que el largo del campo). Pero como he dicho, el estadio se ensancha con la altura, y además, la superficie de la base es algo mayor que el campo (no todo es cesped).

Para terminar, aunque no tenga nada que ver con la ciencia, sí me gustaría comentar algo que en los medios de comunicación no se explica demasiado bien, y lleva a confusión. En algunos medios se habla de un dique, así a secas. En realidad lo que retiene el agua es el trazado ferroviaro, que se eleva sobre el terreno circundante, y actua como dique.

En fin, esta será la tercera noche que me veo obligado a dormir fuera de casa (menos mal que tengo familiares aquí). A ver qué pasa mañana.

viernes, mayo 18, 2007

El Sexto Día y su «turbohelicóptero»

Carátula de «El Sexto Día»

Hace varios días (creo que semanas), pusieron en la tele (por enésima vez) la película El Sexto Día, protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Ya la había visto hace mucho, pero recordé una escena cerca del final, que en su día anoté mentalmente, y debió quedar enterrada bajo otras «notas mentales».

Antes de ponerme con la escena en cuestión, es necesario explicar cómo funciona un helicóptero futurista que aparece en la peli, llamado Whispercraft. En la peli, estos helicópteros funcionan normalmente como los actuales, salvo que las dos palas del rotor principal son bastante más anchas de lo habitual. Junto al rotor, hay dos motores a reacción, como los de los aviones. El aparato, es capaz entonces de entrar en un «modo avión», en el que los reactores se encienden y las palas dejan de rotar, desplazándose un poco hacia detrás y actuando como alas.

Bien, una vez teniendo claro cómo funciona, vayamos con la escena: Hacia el final de la peli, el amigo Arnold está en uno de esos Whispercrafts, en modo helicóptero, dirigiéndose a toda velocidad hacia un rascacielos. Para intentar evitar el choque, levanta el morro del aparato y se eleva, pero no lo suficiente para sortear el edificio, que se acerca cada vez más. Al levantarlo más, se dispara una alarma avisando que el helicóptero está entrando en pérdida (con el inevitable luminoso que reza «stall»). Así que el Schwarzenegger desiste, y mientras se acerca cada vez más al edificio, enciende los reactores, y eleva el morro sin cortarse, en un vuelo casi vertical, justo a tiempo para no estrellarse y pasar por encima del rascacielos.

Foto de dos Whispercraft

Veamos, si el aparato estuviese en modo avión, no habría problema. Pero estaba en modo helicóptero, y por muy futurista que sea el Whispercraft, mientras está en modo helicóptero, debe comportarse como un helicóptero. Y éstos no se comportan así. Hace tiempo expliqué a grandes rasgos cómo funciona un helicóptero. Lo relevante en este caso, es comprender que el empuje del rotor tiene dirección perpendicular a las palas. Si el helicóptero está en posición totalmente horizontal, el empuje es vertical, y el helicóptero se mantendrá estacionario (o subirá o bajará, si se modifica la «intensidad» del empuje, sin variar la dirección). Si el helicóptero baja el morro y levanta la cola, el empuje será hacia arriba y hacia delante, y el vehículo avanza. Pero si el morro se eleva y la cola baja, el empuje es hacia arriba y hacia atrás, frenando el helicóptero si estaba en movimiento, o haciéndolo retroceder si estaba quieto.

Es más, puesto que la dirección del empuje ya no es totalmente vertical, sino que está inclinada, la componente vertical será menor (podéis recordar cómo se descompone una fuerza en componentes vertical y horizontal, en el artículo que he mencionado antes). Y puesto que es esta componente vertical la que se opone al peso del aparato, éste descenderá, a menos que el piloto aumente la intensidad del empuje. Y es que la maniobra que intenta el prota, no hay por donde cogerla. Para elevar un helicóptero, no hay que inclinarlo hacia arriba, como si fuera un avión. Hay que aumentar el empuje (aumentando el ángulo de ataque de las palas). Si levantamos el morro, lo que hacemos es frenar el helicóptero, cosa que por otro lado nos evitaría el choque. Y es que no debemos olvidar una de las grandes ventajas de un helicóptero: puede quedarse quieto en el aire. Lo correcto habría sido que intentara detenerse, precisamente elevando el morro.

Uno podría intentar justificar la escena pensando que tal vez el helicópero iba demasiado deprisa, y que no podría frenar a tiempo. Cuánto más inclinemos el aparato mayor será la componente horizontal, pero hay un límite a la inclinación que podemos darle al helicóptero, ya que la componente vertical del empuje disminuye, y podría hacernos caer (esto, técnicamente no es entrar en pérdida, ya que las palas siguen proporcionando empuje, aunque no cabe duda de que es igualmente peligroso). Pero no me vale. La secuencia dura bastante: primero Arnold levanta el morro, hay unos segundos de tensión, salta la alarma de entrada en pérdida, más segundos dramáticos, el helicóptero desciende peligrosamente, Arnold activa los reactores acelerando el aparato, vuelve a levantar el morro, más primeros planos dramáticos, y finalmente supera el obstáculo. En todo ese tiempo, seguro que hubiera podido detenerlo.

En fin, que los guionistas olvidaron que un helicóptero y un avión no vuelan igual.

lunes, mayo 14, 2007

El Mundo del Futuro

Otro artículo que no es tal, sino un anuncio. Algunos recordarés que hace tiempo, en un artículo acerca de una noticia sobre una honda magnética (sí, con hache) para poner objetos en órbita, hice un llamamiento para ver si alguien podía ayudarme a conseguir los tres libros de una colección llamada «El Mundo del Futuro», editados en los 80. Pues bien, uno de los lectores de este blog, Oscar (al que nunca le podré estar suficientemente agradecido), tiene dichos libros y se ha molestado en escanearlos y subirlos a Megaupload, desde donde cualquiera de vosotros podéis descargarlos (están en un único fichero Zip). La URL en cuestión es http://www.megaupload.com/?d=TTMFWLSA.

Reproducción de las portadas de los tres libros de la colección, con un pequeño resumen, que aparece en la contracubierta de cada uno de ellos

Los recomiendo a cualquiera al que le interese la ciencia ficción o la tecnología. Son muy amenos, y fáciles de leer y entender, gracias a que están repleto de ilustraciones. Puede que en ocasiones pequen de excesiva fantasía (uno de ellos toca el tema de la telepatía), o parezcan demasiado infantiles y poco rigurosos (de hecho, están dirigidos a un público infantil-juvenil). Pero son en parte responsables de mi afición a la ciencia ficción, desde pequeño.

Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, quiero felicitar a Josu, de Malaprensa (otro blog que no me canso de recomendar) por ganar en la categoría de mejor blog de actualidad, del concurso de 20 minutos. ¡Enhorabuena!

miércoles, mayo 09, 2007

Año de la Ciencia 2007

Año de la Ciencia 2007

Lo que son las casualidades. Mientras estaba preparando el anterior envío, en el que un cargo público da unas patadas a la ciencia realmente antológicas, recibí un correo electrónico del responsable de contenidos de la web Año de la Ciencia 2007. ¿Y eso qué es? Pues es una iniciativa gubernamental gestionada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), con el siguiente objetivo: acercar la ciencia a la ciudadanía. Espero que iniciativas como esta sirvan para evitar ver y oir determinados disparates (aunque me quiten posibles casos para este blog :-D).

martes, mayo 08, 2007

Astrología, astronomía y astronáutica

He recibido un correo electrónico de un lector habitual, avisándome sobre unas declaraciones del alcalde de Sevilla (gracias Julio, ¿o debería decir Serlio?), a raíz de la inaguración de una calle llamada Avenida de la Astronomía. Podéis escuchar dichas declaraciones en You Tube (más comentarios en La Divina Comedia de Vailima y Cerebros no lavados). Para aquellos que no dispongan de una conexión rápida, las reproduzco aquí:

Es muy bueno que haya astrónomos. Estamos en la Avenida de la Astronomía. Está bien que haya astrólogos, pero es fundamental que haya astronautas. Porque ¿qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas? ¿Qué nos podemos encontrar allí, en el más allá? ¿O qué podemos hacer, o qué podríamos desarrollar nosotros, los que estamos allí, los que nos pisamos el suelo de la realidad de las cosas? ¿Qué sería de nosotros si no existieran los astrónomos y los astrólogos? pero ¿qué sería de todos nosotros sin la tarea de los astronautas?

Si podéis, escuchadlo. Es impagable. Sobre todo porque se oyen de fondo algunas risas y a una chica murmurar ¿pero qué dice?.

¿Por dónde empezar? Veamos, tenemos un ejemplo de la confusión que, todavía hoy en día, tienen algunas personas entre astronomía y astrología. Hace tiempo escribí un extenso artículo en Hal 9000, explicando su origen común, y las diferencias entre ellas. Pero se puede resumir de forma muy simple: la astronomía es una ciencia, y la astrología una pseudociencia. La astronomía estudia la posición de los astros y su movimiento, así como la composición de los mismos, su formación, su evolución, las causas de lo que observamos... todo ello siguiendo el método científico. Por el contrario, la astrología pretende predecir acontecimientos o comportamientos, a partir de la posición de los astros, partiendo de una supuesta influencia que ejercen éstos sobre nosotros. Esta influencia, no es que no haya podido ser comprobada, es que es refutada experimentalmente.

El alcalde menciona una tercera disciplina: la astronáutica, que tiene poco que ver con la astrología, y bastante con la astronomía. La astronáutica es una ingeniería dedicada al diseño y construcción de aparatos capaces de operar fuera de la atmósfera terrestre. Esto incluye no sólo vehículos tripulados, sino sondas de exploración no tripuladas, o incluso satélites de comunicaciones. En realidad, el término astronauta, no se refiere a un ingeniero o técnico en astronautica, sino al que realmente viaja en esos vehículos (o al menos, recibe entrenamiento para ello). Así que, o bien el alcalde no tiene muy claro tampoco lo que es un astronauta, o estamos ante el primer alcalde astronauta de España (y puede que del mundo).

Algo también destacable es esa referencia al más allá. Aunque es cierto que los planetas y estrellas están bastante más allá que acá, creo que todos estamos de acuerdo en que la expresión «el más allá» se refiere a algún tipo de vida después de la muerte, que obviamente no tiene nada que ver con la astronomía (ni con ninguna ciencia), y sí con las creencias religiosas personales de cada uno. No tiene nada que ver con «el espacio exterior», que tal vez sea lo que habría debido decir.

En fin, da un poco de cosa comprobar el nivel cultural de algunos, que además tienen cierto poder de decisión sobre las vidas de los demás.

viernes, mayo 04, 2007

Escudos magnéticos

Iba a comentar una serie de errores garrafales, a raíz de una noticia sobre Stephen Hawking y la ingravidez, pero en Malaprensa se me han adelantado. Así que comentaré otra que apareció en 20 minutos, en la que se anunciaba que un grupo de científicos del Laboratorio Rutherford Appleton está investigando sobre la generación de un campo magnético que proteja a los vehículos espaciales de la radiación solar. Se hace hincapié en lo peligroso de dicha radiación, en cómo el campo magnético terrestre nos protege de forma natural, y en la conocidísima serie de TV, Star Trek.

Bueno, aquí tenemos dos grandes fallos. El primero ya lo comenté hace mucho tiempo en un artículo dedicado a la película The Core (sí, hay un error relativo a las microondas y el agua, que corregí en un artículo posterior). Veamos, un campo magnético, sólo afecta a partículas cargadas eléctricamente. Por tanto, radiaciones dañinas como los rayos gamma, los rayos X o los ultravioleta, lo atraviesan sin problemas. Recordemos que la radiación electromagnética son fotones, y que los fotones son partículas sin carga eléctrica. Es realmente la atmósfera terrestre la que nos protege de estas radiaciones.

Un campo magnético sólo desviaría el viento solar y los rayos cósmicos, que sí están formados por partículas cargadas (como protones), y que sólo son especialmente dañinos durante una erupción solar. Buscando la fuente original (donde sí menciona que la principal protección terrestre es la atmósfera), vemos que la idea es que es campo magnético sustituya a las habitaciones especialmente reforzadas de la ISS (y es de suponer que los transbordadores tienen algo similar), donde los astronautas se refugian durante una tormenta solar. Así, la masa del vehículo es menor, algo siempre deseable. Pero sólo serían útiles en ese contexto: durante una tormenta solar, y sin olvidar que el escudo no protege de toda la radiación solar, sólo de parte de ella. Si hay un repentino incremento de radiación gamma, el escudo es totalmente inútil.

El segundo error, más que con la ciencia tiene que ver con el desconocimiento de Star Trek. En la noticia se compara el futuro escudo magnético con los utilizados en la serie, y esa comparación es falaz. Los escudos del Enterprise (y por extensión, de casi cualquier nave de la serie) no son magnéticos, ni nada parecido. Se trata del clásico «campo de fuerza cuasi-mágico», artificio argumental existente en multitud de obras de ciencia ficción, utilizado en las batallas espaciales donde las naves contendientes se disparan mutuamente y reciben impactos (aunque hay notables excepciones, ahora me vienen a la cabeza Babylon 5, o la nueva versión de Galáctica).

La referencia a los escudos de Star Trek provienen de la fuente original de la noticia. Es más, ahí se dice que los guionistas de la serie crearon dichos escudos, para desviar la radiación cósmica. Bueno, aunque no puedo leer la mente de los guionistas (sobre todo porque el creador de la serie, Gene Roddenberry, falleció hace más de 10 años), pero dado que el uso mayoritario de los escudos es proteger la nave de disparos de phaser y torpedos fotónicos, es de suponer que los guionistas no tenían precisamente la radiación cósmica en mente. Parece ser que últimamente hay una moda de referencias a obras de ficción muy conocidas, para captar el interés de una noticia científica (como la que comenté hace unas semanas). Algo bastante triste.

Otra vez será

Ha finalizado el periodo de votación de los Premios 20Blogs del diario 20 minutos, y el jurado ha elegido a los finalistas de cada categoría. Y MalaCiencia no está ahí (snif, snif). De todas formas me alegra comprobar que dos blogs que leo regularmente y que recomiendo (otra vez), Curioso Pero Inútil e Historias de la ciencia, han quedado como finalistas. Enhorabuena Remo, y enhorabuena Omalaled. Espero que uno de los dos sea el ganador.