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miércoles, marzo 30, 2011

Ángel o demonio: Grupos sanguíneos

Si conocéis la serie Ángel o demonio, seguramente estaréis pensando «¿qué sentido tiene hablar de ciencia en una serie de corte sobrenatural». Pues lo tiene, cuando se trata precisamente de un aspecto no sobrenatural. Para los que no conozcáis la serie, trata básicamente del enfrentamiento entre una chica adolescente que acaba de descubrir que es un ángel, y una «familia» de demonios y ángeles caídos que disfrutan haciendo el mal, malmetiendo a sus victimas.

En el episodio del que voy a hablar (el 7º), los demonios eligen a un matrimonio con una niña, cuya madre está esperando un segundo hijo. Usando como excusa un corte que se hace la niña y su asistencia al hospital, falsean los análisis de sangre para que muestre que la niña en cuestión es del grupo sanguíneo O (cuando en realidad es del grupo A). Como resulta que la madre es AB y el padre es A, éste se mosquea y llega a creer que la hija no es suya, y su mujer lo ha engañado. En un momento dado, lo vemos nervioso, mirando en Internet una tabla que indica qué grupo puede tener o no una persona, dependiendo del grupo de sus progenitores. En ella vemos que un padre A y una madre AB no pueden tener un hijo O.

Pero el problema es que no importa el padre, una madre AB no puede tener un hijo O. En general, si uno cualquiera de los dos progenitores es AB, el hijo será A, B o AB (dependiendo del grupo del otro progenitor), pero nunca O. El motivo es muy sencillo de entender. En el colegio nos enseñaron que cada uno de nuestros genes está formado por 2 alelos. Para el gen que codifica nuestro grupo sanguíneo hay tres posibles alelos: A, B, i. El alelo i (responsable del grupo O) es recesivo, mientras que los alelos A y B son dominantes (codominantes entre sí). Sólo cuando ambos alelos son i, el grupo es O. Si uno de los alelos es i, y el otro es A o B, el grupo será A o B respectivamente. Obviamente, si ambos alelos son A o B, el grupo es A o B. Y si un alelo es A y el otro B, el grupo es AB.

Para verlo más claro, vamos a ver las posibles cominaciones en una tabla:

AlelosGrupo
iiO
AiA
AAA
BiB
BBB
ABAB

Cuando un hombre y una mujer conciben un niño, éste recibe la mitad del material genético de su padre, y la otra mitad de su madre. En el caso concreto del gen del grupo sanguíneo, uno de los alelos vendrá del padre, y el otro de la madre. Si uno de los progenitores es AB, uno de los alelos del hijo será necesariamente A o B, por lo que el grupo sanguíneo de éste nunca podrá ser O, independientemente del grupo del otro progenitor (recordad, para que el grupo sea O, la combinación de alelos debe ser ii). Así, en la serie, el que el padre creyese que la niña fuera O, no debería haberle llevado a pensar que él no era el padre, sino que algo muy extraño había ocurrido.

Lo curioso es que si nos fijamos bien en la web que consulta el padre, parece que es correcta (no sé si será real, o se hizo para el rodaje). No se muestra entera, pero sí que podemos ver un instante la tabla correspondiente a un padre de grupo O, y se ve claramente que si la madre es AB, el hijo no puede ser O ni AB. Así que tal vez, estrictamente hablando, no estemos ante un caso de mala ciencia en la serie, sino que este personaje concreto se ofusca y no se da cuenta de que no hay padre posible para su hija si de verdad es A y su esposa es AB. La moraleja que podemos extraer es que con calma y el conocimiento científico que nos enseñan en el colegio, podemos evitar que nos manipulen unos malvados demonios.

lunes, marzo 21, 2011

Superluna

Este fin de semana se produjo un fenómeno astronómico denominado «superluna», en el que nuestro satélite se podía ver un poquito más grande y luminoso que en otras ocasiones. En muchos medios de comunicación se decía que era debido a que la Luna estaba más cerca de nuestro planeta, y que hacía 18 años que no se acercaba tanto.

Sin embargo, esto no es así. Al igual que cualquier otro cuerpo en órbita, la Luna describe una trayectoria elíptica en torno a la Tierra, estando nuestro planeta en uno de los focos de dicha elipse. Por ello, a medida que la Luna se desplaza la distancia que nos separa va variando, alcanzando un máximo llamado apogeo, y un mínimo llamado perigeo. Es bastante obvio que con cada «vuelta» completa, la Luna pasa por el apogeo y el perigeo una vez. Por tanto, la luna no ha sufrido su máxima aproximación desde hace 18 años, sino más bien, desde hace aproximadamente unos 28 días (el periodo de traslación de nuestro satélite).

Entonces ¿por qué tanto bombo? Pues porque lo que sí que hace 18 años que no ocurría, es que el perigeo coincidiera con la luna llena. Es decir, no es que la luna no hubiera estado tan cerca desde hace 18 años, sino que la luna no ha estado tan cerca desde hace 18 años estando en la fase llena. Como veis, es un error muy similar al de 2005, cuando la luna llena coincidió con el solsticio de verano.

Los más avispados os preguntaréis ahora, «si hay una luna llena y un perigeo con cada vuelta, ¿por qué a veces coincide y a veces no?». Bueno, el tiempo que transcurre entre dos perigeos es de 27 días, 13 horas, 18 minutos y 33,2 segundos, y se denomina mes anomalístico. Sin embargo, el tiempo que transcurre entre dos lunas llenas es de 29 días, 12 horas 44 minutos y 2,9 segundos, y se denomina mes sinódico. El motivo de la diferencia entre ambos es evidente si pensáis que el mes sinódico toma como referencia la posición relativa de la Luna, la Tierra y el Sol. Como sabéis, la luna está llena cuando está justo en el «lado contrario» al Sol, con respecto a nosotros. Imaginemos que partimos del instante de luna llena. Una vez la Luna ha completado una órbita completa alrededor de nuestro planeta, como a su vez nosotros nos hemos movido un poco alrededor del Sol, la Luna ya no se va a encontrar en la misma posición con respecto a éste último. Tendrá que desplazarse un poco más (y por tanto, transcurrir más tiempo), hasta que vuelva a estar llena. Los habituales de este blog os sonará de algo esta explicación, ya que el movimiento de la Tierra alrededor del Sol es también el motivo de la diferencia entre el día solar y el día sidéreo, como expliqué en dos ocasiones, hace bastante tiempo.

Como curiosidad, cabe destacar que al igual que ocurre con la órbita terrestre (y con la de todos los planetas), la órbita lunar sufre una precesión, de forma que la elipse que hemos descrito va rotando poco a poco alrededor de la Tierra. Eso quiere decir que si en vez de tomar como referencia el perigeo (o el apogeo), utilizamos las estrellas, el tiempo que tarda la Luna en describir una órbita completa es de 27 días, 7 horas, 43 minutos y 11,5 segundos, y se denomina mes sidéreo o sideral. Como veis, el mes anomalístico y el mes sidéreo son algo diferentes.

miércoles, marzo 16, 2011

Japón, terremotos, tsunamis y accidentes nucleares

Con lo ocurrido en Japón y lo que se cuenta en los medios, es casi inevitable el dedicar un post al tema. Corto, ya que diversas circunstancias no me permiten dedicar todo el tiempo que quisiera, pero creo que suficiente para resaltar los dos mayores errores que he visto.

El primero ya lo comenté cuando el terremoto de Chile, pero no está de más repetirlo. Venga, digamos todos juntos: «La escala de Richter ya no se usa». Como ya comenté, ha sido sustituida por la escala sismológica de magnitud de momento (Mw). Uno de los motivos del cambio es que la escala de Richter no permite diferenciar correctamente terremotos de intensidad superior a 8,5. Como he leído en el callejón del ángel (vía Malaprensa), «es como si la escala fuese "...7, 8, 9, un huevo"». Y precisamente la magnitud del terremoto de Japón ha sido de 9. Por otro lado, la magnitud (al menos en la escala Mw) es un número adimensional que se expresa sin unidades (metedura de pata también mía, en el post sobre el tema; lo corregiré cuando pueda). Es decir, se dice «magnitud 9», y ya.

El segundo, más que error es una desinformación o desconocimiento generalizado de lo relacionado con las plantas nucleares. Se ha llegado a utilizar el calificativo de apocalíptico, y parece que hay un riesgo de una detonación nuclear o algo así. Bueno, es imposible una detonación nuclear. Hace tiempo dediqué un post a cómo funciona una cabeza nuclear, y recordaréis que es necesario juntar o comprimir una cantidad determinada de material fisionable, hasta alcanzar la masa crítica. Como imaginaréis, las cantidades que se utilizan en un reactor nuclear están por debajo de dicha masa.

El peor escenario en un accidente nuclear es la fusión del núcleo. Y puede que la terminología sea parte del problema, ya que por «fusión» no nos referimos a una fusión nuclear (como la que se produce en el interior de las estrellas), sino a la que nos enseñan en el colegio: el cambio de estado de sólido a líquido, como cuando el hielo se derrite. Sin entrar en demasiados detalles, la peligrosidad de una fusión del nucleo es evidente si pensamos que es más difícil contener un líquido (que además, estará por encima de unos 3.000 ºC, ya que es su punto de fusión) que un sólido.

Como mis conocimientos sobre los detalles de una central nuclear son bastante limitados (aunque me da para entender que no puede haber una detonación nuclear), os remito al artículo «Why I am not worried about Japan’s nuclear reactors», del Dr Josef Oehmen, ingeniero y científico del MIT. En realidad se trata de una versión editada por el Departamento de Ciencia e Ingeniería Nuclear (NSE) del propio MIT (que ha abierto una web dedicada a explicar lo que ocurre en Fukushima), ya que el mismo Oehmen reconoce que no es ingeniero nuclear, y animaba a los lectores a que le corrijan, en su post original. Si el inglés no es lo vuestro, podéis leer una traducción del artículo original en el blog Física de Película, o una traducción de la versión más actualizada en Fullmy's Weblog. No voy a decir que las cosas sean de color de rosa, pero se está exagerando mucho en los medios (ya sabéis cómo les gusta).

Para terminar, como se está comparando mucho con lo ocurrido en Chernobyl, os dejo un par de enlaces a Curioso pero Inutil e Historias de la Ciencia, donde en su día se explicó cómo sucedió el accidente y por qué.